domingo, 6 de mayo de 2012

43º Relato: A pesar de la Hipotonía

El comienzo de la lactancia de Jaime no fue fácil. Aunque fue un parto natural y maravilloso en casa y estuvo sobre mí desde el comienzo no tenía mucho interés ni fuerza suficiente. Al nacer supimos que tenía síndrome de Down. Tuvimos la enorme suerte de que María, una de las matronas que atendió el parto, tenía un hijo con la misma condición ya mayorcito y que ella había colaborado en los hospitales para el primer contacto de padres en esta circunstancia. Así que nos dijo que iba a tener más interés en dormir que en comer, que tendríamos que achucharle mucho para que comiera y además su falta de tono muscular congénita le haría más difícil la succión, pero que insistiéramos que era posible. Tras dos días de su nacimiento, fuimos al hospital Puerta de Hierro para que le hicieran la tanda de pruebas de rigor para estos casos. No fue sorpresa cuando además nos dijeron que estaba deshidratado porque por mucho que le achuchábamos para comer, él no tenía gran interés. De hecho ese mismo día en un ataque de desesperación, habíamos comprado un bote de leche artificial para alérgicos… no llegamos a abrirlo y lo devolvimos. Esa primera noche que él pasó en el hospital lejos de mí, me subió la leche así que de camino a casa compramos un sacaleches. La semana siguiente la pasó en el hospital, con la suerte de que pudimos permanecer con él todo el tiempo. Como es un hospital IHAN, yo me sacaba la leche en cada toma y las enfermeras de neonatos nos enseñaron a dar de comer al pequeño Jaime con una jeringa y un dedito imitando el pezón para que pudiéramos disfrutar de lactancia materna. Y así le alimentaban ellas por la noche. Igualmente le ponía en mi pecho e íbamos viendo cómo iba, pero lo cierto es que al comienzo, ni siquiera tenía interés en comer lo mínimo para su peso. Al final de la semana, había ganado peso y fuerza y probamos con una pezonera, lo que le facilitaba el trabajo a su boquita y así salimos del hospital dando teta!! No me importaba mucho que fuera con ayuda, pensaba que en algún momento podríamos quitarla. Y así fue, al cabo de un mes fui a pasar el día con mis padres y ¡olvidé la pezonera en casa! Compramos otra pero no se adaptaba bien al pezón y Jaime me demostró que ya era un tío fuerte y se enganchó él solito. Y menos mal porque con el tiempo y debido a la hipersensibilidad de su boca, no tolera en la boca nada de plástico, y aunque alguna vez le di bibe con mi leche, rápidamente empezó a rechazarlo. Recuerdo que durante los primeros meses tuve un par de episodios de “alarma” pensado que se me estaba retirando la leche… recuerdo estar a las 12 de la noche en el ordenador consultando porqué se me retiraba la leche, cómo evitarlo… Ahora me hace gracia pero entonces la idea de dejar de disfrutar de esos momentos, que por la hipotonía, en ocasiones eran tomas maratonianas, me daba una enorme tristeza. Ahora mi hijo tiene 18 meses, estamos esperando a su hermanita y hace un par de meses más o menos me quedé sin leche (esta vez sí). No sé si fue el stress, si ha sido el embarazo pero la verdad es que echo mucho de menos ese contacto con mi pequeño. Recuerdo de una manera especial cuando alguna vez nos hemos bañado juntos y al salir del baño los dos desnudo,s sin darme cuenta atrapaba mi pezón. Y esos sonidos de satisfacción del comienzo cuando era todo su alimento… es lo más bonito que he hecho en mi vida, lo tengo claro. Por suerte lo podré repetir en unos meses!!

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