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viernes, 14 de octubre de 2011

12º Relato: Confianza y voluntad

Me llamo Natalia, tengo 29 años y un bebé de 7 meses. Nació en un parto provocado, de 34+5 y pesó 2,575… No se lo llevaron a neonatos, hice de incubadora (nos pusieron pegaditos en la cama súper abrigaditos, no fue piel con piel pero fue maravilloso) Me perdí la clase de lactancia del curso de preparación al parto, pues me tocaba la semana siguiente al parto, y todo lo que me decían en el hospital lo hacía. Desde que nació estaba todo el rato preguntando si ya le podía dar el pecho pues había leído en algún lado que era muy importante empezar cuanto antes pero me decían que esperara y de pronto una enfermera vino y me dijo que cómo no me lo había puesto aún! El caso es que me ayudó pero no se cogía bien, se quedaba dormido...Me decían “le tienes que pellizcar, cógete el pecho con los dedos como una pinza, dale 15 minutos de uno, 15 minutos de otro y luego le das este biberón” Como era tan pequeñín me dijeron que no podía estar más de 4 horas sin comer, así que si me ponía a las 3 horas a intentar darle el pecho y me tiraba 45 minutos intentándolo me ponía súper nerviosa y le daba el biberón (que tomaba más bien poco). Yo estaba frustrada, mareada con tanto consejo, cada una me decía una cosa (hasta me dieron pezoneras) pero nadie se sentó tranquila y con paciencia a ayudarnos y le veía tan pequeño! Tan frágil! Nos fuimos del hospital con 2.410 y la premisa de volver a los 4 días. En casa todo fue igual, vino una enfermera del programa materno infantil de Sanitas y cuando le conté cómo lo hacía me dijo que lo hacía mal…que el niño no se podía tirar 1 hora al pecho y que le tenía que pellizcar y despertar aunque llorara porque tenía que comer… Yo pensaba que si dormía es que tenía que dormir, y que gastaba más calorías llorando y pasando el mal rato que las que ingería! Me dijo que me lo pusiera 15 minutos, descansara 5 y me lo pusiera otra vez al mismo, y que me sacara 10 minutos de leche del otro pecho… Yo le pregunté ¿Y no será que es que no le cabe más? (Eduardo era una ratilla, teníais que haberle visto) y ella que no, y se empeñó en preparar un biberón para demostrarme que al niño sí le cabía más pero yo no sabía darle de comer… Eduardo no tomó apenas leche y acabó reconociendo que había niños que comían más que otros… (me gustaría que lo viera ahora).
Volvimos al hospital y no había ganado peso suficiente…la pediatra (una distinta a la que nos atendió cuando estuvimos ingresados) me preguntó cómo lo hacíamos y le conté mi batalla…Yo estaba fatal, con ganas de llorar continuamente, yo quería darle el pecho!! Y me dijo súper cariñosa que lo más importante era que me tranquilizara, me olvidara de horarios y que confiara en mí. Me dijo “no ha ganado todo el peso que debería, pero ha ganado que es lo importante y según me cuentas de biberón casi no toma así que vamos a probar solo con tu leche durante tres días y volvéis. Si ha ganado lo que yo considero prudente podéis empezar con la lactancia materna exclusiva pero si no gana peso tendremos que pautar un suplemento de biberón” Me dijo que en esos 3 días me centrara en darle el pecho y descansar, que me hicieran todo lo demás y que si podía me echara la siesta con él. Me recomendó que estuviera con el pecho desnudo y el bebé pegado a mi todo el tiempo del mundo…y que nada de visitas ni de nada…De su consulta pasamos a la consulta de lactancia y me dijeron lo mismo, me animaron mucho y me hablaron de las tomas no nutritivas, de olvidarme de horarios, de dejar que fuera en niño el que se separara del pecho… Por la tarde fui a la revisión con la matrona y le conté todo, lo que ella me dijera iba a ir a misa y me dijo que estaba totalmente de acuerdo con las indicaciones que me habían dado. Me miró el pecho, me dijo que me olvidara de las pezoneras y me hizo confiar más en mí. Pasé esos tres días tal y como me habían dicho salvo en lo de echarme las siestas con él pues mi madre me dijo que lo iba a aplastar y que no sé a quién se quedó dormido y apareció el bebé a los pies de la cama dentro de las sábanas que casi se asfixia… Juan Carlos se ocupaba de todo, me traía trocitos de chocolate blanco y agua cuando me sentaba a darle el pecho…Eduardo lloraba y yo hablaba con él entre lágrimas explicándole por qué no me ponía la pezonera ni le daba el biberón. Le dejaba dormir si se dormía y cuando se cogía al pecho me hacía tan feliz! Fueron un par de días malos, con tentaciones de volver a la pezonera o darle biberón porque no soportaba verle llorar y me daba mucho miedo que no estuviera alimentándose, tenía tanta inseguridad… no le veía si tragaba o no y me daba mucho miedo que se debilitara aún más… Le preguntaba a Juan Carlos “¿y si me pongo pezonera? Es que no se coge” pero me animaba y me daba fuerzas…y menos mal! Cuando volvimos al pediatra había engordado suficiente y nos felicitaron!! Conseguimos que se estableciera la lactancia! Eduardo empezó a coger fuerzas, y a mamar con más frecuencia…seguía estando al pecho mucho rato y las noches empezaron a ser una tortura china. Cuando a los 15 días de nacer el nene Juan Carlos volvió al trabajo, salía de la habitación para darle el pecho…me iba al salón o a la habitación de Eduardo (que no ha usado claro) y allí me tiraba con él una hora dando cabezadas, le cambiaba, le dormía y cuando lo dejaba otra vez en su cuco y me acostaba, tenía que levantarme otra vez. Recuerdo que salimos una mañana y nos encontramos una amiga que dejó la lactancia por una mastitis por recomendación de la pediatra y me estuvo hablando maravillas de dar el biberón, que así tú puedes descansar…la veía tan mona, con su vinito y su cigarrito (soy exfumadora) y yo quería lo mismo! Le estuve dando muchas vueltas y creo que me frenó que Juan Carlos no me dijera desde el principio “vale, si no pasa nada, dale biberón” y que me sentía fatal solo de planteármelo… Por un lado lo deseaba, por otro sentía que no podía hacerle eso a Eduardo. Juan Carlos me dijo que le diera el pecho en nuestra cama, que él cogería al peque, me lo daba y se volvía a dormir y que cuando acabara de comer le avisara que él cogía a Eduardo y le echaba en el cuco otra vez…Pero qué paso??? Que Eduardo y yo nos quedábamos dormidos y vi que no le aplastaba, que aguantaba más entre toma y toma y que descansábamos de lujo así que cada vez pasaba más tiempo en la cama hasta que directamente lo acostábamos en ella desde el principio. A mi alrededor me decían que era una locura pero yo había descubierto a Carlos González y luego a Rosa Jové. En Lactard me entendían y practicaban el colecho también y descubrí el porteo y mi maternidad se volvió maravillosa! Lo pasé mal con los comentarios de la gente y la desinformación que hay pero también he conocido gente estupenda que me da fuerzas cada día. Desde aquí, quiero agradecer a todos los que compartís vuestras experiencias y publicáis artículos sobre lactancia, colecho, porteo… porque gracias a internet descubrí foros y testimonios que me abrieron los ojos y me enseñaron a mirar en mí misma y a escuchar a mi bebé.
Cuando estaba embarazada decía “intentaré dar el pecho, pero vamos, al primer problema le doy biberón que se crían perfectamente” jeje, también decía que daría el pecho hasta que volviera al trabajo y he terminado reduciendo la jornada a 4 horas (con un estrangulamiento de cinturón, claro) y por la tarde, para que Juan Carlos me releve y se quede con el peque. Me compré un sacaleches y hasta la semana pasada se tomaba un biberón con mi leche en mi ausencia pero de un día para otro lo ha rechazado y espera pacientemente a que llegue su teta para comer. Si su padre lo nota más nervioso de la cuenta le ofrece algo de fruta y un poco de agua pero no suele hacer falta.
El día 6 cumplió 7 meses y la gente alucina de que aún le dé el pecho y que esté así de hermoso…Es que tengo muy buena leche!
Os dejo una nota que escribí hace poco explicando cómo me siento en la actualidad. Besos y muchos brazos!

A EDUARDO Y JUAN CARLOS

Mirándote pierdo la noción del tiempo, pierdo la noción de mi misma… he dejado de ser Yo para ser nosotros, he olvidado mi nombre, mis necesidades para pensar en ti… Recuerdo lo pequeño que eras, lo frágil que te veía y la esperanza de alimentarte y fortalecerte que me inundaba en cada toma. Sentía que te daba vida con cada gota de leche que tomabas. Sentía que me daba a ti y nada me ha llenado tanto, nada me hace tan feliz como sentirte cerca, sentirte en paz…verte sano, fuerte, tan vivo, tan risueño. Y siento que es gracias a mí, que eres lo más grande que he hecho nunca y lo mejor que me ha pasado jamás. Cuando te doy el pecho antes de irme a trabajar y te duermes en mis brazos es como si echara raíces a tu lado, como si no pudiera moverme de allí y cuando estoy en el trabajo me viene de repente tu olor que ha quedado impregnado en mi piel, en mi ropa y me transporto… Me imagino contigo, tocando tus manos, mirando tu cara, sonriendo juntos… te veo en mi pecho mamando y descansando un segundo para regalarme una sonrisa, una mirada que grita que me quieres, que te gusta ese momento tanto como a mí, y que sientes lo que quiero transmitirte, sientes mi amor, sientes la paz que me da el tenerte cerca, sientes el placer que siento en ese abrazo inmenso que nos regalamos el uno al otro, sientes que te quiero y me emociono porque siendo tan pequeño entiendes todo eso, sin palabras, sin lecciones, solo sentimientos.




Y entonces pienso que nada de esto hubiera sido como es si no llega a ser por ti que te adjudicaste el papel de columna. Nada sin ti, que has sido el apoyo y el aliento. Te convertiste en descanso, en pañuelo, en alimento y confidente. Nada sin ti, que eres el mejor compañero que podía haber elegido para andar este camino. Nada hubiera sido así…ni siquiera él, que ha heredado tus ojos y tu buen humor, que tiene esa calma que te caracteriza y que tanto ayuda en los malos momentos. Te debemos tanto! Nada sin ti, tampoco yo.

jueves, 13 de octubre de 2011

11º Relato: 16 Meses de Lactancia

Antes del nacimiento de mi hija siempre tuve claro que quería optar por darle Lactancia materna, porque como sabiamente dice Carlos González, es un regalo para toda la vida para ambas. Nunca pensé que pudiera tener problemas, es algo natural que se ha hecho durante miles de años, sin asesoras de lactancia ni pediatras, y ahora que existe esa ayuda extra, ¿porque algo va a ir mal?...Estaba tan convencida que no contaba con biberones en casa, ni leche artificial ni toda la parafernalia que conlleva este tipo de lactancia y que más tarde, tuve que aprender a usar.
Mi hija nació a termino, una niña preciosa y sana de sólo 2500 grs. que al salir del hospital eran menos de 2300 grs....el peso de una botella de Coca cola. El hecho de ser tan pequeña no ayudó en la lactancia ya que se cansaba, se dormía, tenía una boquita diminuta...y el neonatologo nos recomendó, si no hacía pipí, darle un biberón después de alguna toma...nos lo pensamos unas horas y al final la segunda noche de hospital se lo dimos por lo que ya salimos del hospital con lactancia mixta.
Por suerte, ella nunca rechazó el pecho, tomaba ambas cosas sin problemas, hasta que la ligera molestia del pecho al engancharse se convirtió, como por arte de magia, en unas horribles grietas que incluso sangraban...!y sólo llevábamos poco más de 1 semana en casa¡. Creo que nunca he llorado tanto, me sentía frustrada, inútil y decepcionada y si no hubiera estado tan segura de mi deseo hubiera abandonado escuchando los consejos de gente que achacaban mi estado a una depresión postparto que no padecía. Recurrí a la liga de la leche, dónde me corrigieron la postura, pero cuando el dolor es tan insoportable es complicado de solucionar sin que antes se te curen, porque sientes rechazo hacia el momento y te falta llorar cuando se despierta reclamando alimento, porque ese dolor se mezcla con la culpabilidad, con el sentirte mala al casi llegar a detestar ese momento que antes de nacer, estabas deseando vivir.
Cuando ya no podía más, como último recurso antes de abandonar opte por una pezoneras que salvaron la lactancia, permitieron que se me curaran los pechos y me condenaron durante casi 3 meses a tardes interminables sentada amamantandola, que, al contrario que antes, nunca tome mal, sólo decidí disfrutar de mi hija el máximo posible y un día, como si nada, retiré las pezoneras y conseguí (ella consiguió) que mamara sin ellas, en postura correcta y sin dolor. Seguíamos con lactancia mixta, pero todo era mucho mejor, ella distinguía perfectamente el biberón del pecho, sabía usar uno y otro y sabía cuando quería uno u otro, y aunque esa lactancia mixta se prolongó hasta pasados los 6 meses, al menos mantuvimos el pecho ese tiempo. Mi hija rompía con el mito de que si prueban el biberón nunca más querrán pecho.
A los 6 meses, con la introducción de la AC, sobretodo sin biberones de cereales y sin prisa, ella sola rechazó los biberones de leche y ya de paso el chupete, ya sólo quería o “comida” o lactancia materna...De nuevo mi hija hizo lo que se supone es raro, rechazando el biberón a favor del pecho.

Continuamos así con una lactancia materna “normal”, introduciendo AC poco a poco...mi intención era (y es) seguir hasta los 2 años, pero no más allá, y de momento lo estaba logrando, pero a partir de los 11 meses esa lactancia “normal” pasó a ser, de nuevo, como esas interminables tardes de lactancia iniciales. No entendía porque de repente, sin haber introducido ningún cambio, habíamos vuelto a despertares cada hora, a estar más de una hora “enganchada” al pecho por la noche o en la siestas, a pedir cada 30 minutos o incluso menos, en cualquier parte...a no dormirse sin el pecho... pero me era imposible aceptarlo como los dos primeros meses porque habíamos pasado a lo que para mi era una especie de esclavitud (si, ya se que ojalá la esclavitud real fuera eso).
Con 13 meses empezamos el destete “No ofrecer, no negar”, y la cosa no mejoró nada...¡si no hacía falta que le ofreciera, con lo que ella pedía no daba tiempo!, y así, un mes después, con tristeza, empezamos el destete nocturno junto con un pseudo “plan padre” que trajo algunos llantos (nunca abandonada, por supuesto) pero que nos ha permitido, después de 14 meses, volver a domir. Ese destete no resultó fácil, y el diurno no parece que vaya a llegar pronto tampoco.
Ahora atravesamos una extraña fase que continúa siendo complicada porque siempre que se aburre pide, si me ve sentada pide, si llego de la calle pide, si tiene sueño pide...una tarde en casa puede convertirse en tomas cada 30 minutos y eso psicologicamente empieza a agotarme, supongo que estamos tan llenos de estereotipos que nunca imaginamos que un bebe de 16 meses, que corre a todas horas, vaya a mamar como uno de 2 meses o incluso más a menudo, pero mi problema no radica en lo que la gente considera normal o adecuado, sino más bien en lo que mi cuerpo y mi mente empiezan a querer y a rechazar. Mi “plan”, cuando paseaba con mi barriguita, era darle lactancia materna hasta los 18 meses y ahí iniciar el destete progresivo y respetuoso para lograrlo al rondar los 24 o 26 meses, porque no me veía más allá de esa edad, pero nunca pensé que realmente fuera a “querer” que eso pasara, sino más bien al contrario, me imaginaba “obligándome” y sin embargo ahora puedo decir honestamente que tengo ganas de poner el punto y aparte a la lactancia, pasar a la siguiente página pero, ¿estará lista ella? Parece que no.
Quizá la mayoría no me entenderéis, bien porque vuestro mayor deseo es seguir muchos años con esta lactancia y nunca hayáis sentido ese rechazo o bien porque penséis que si ya no deseo seguir no debería hacerlo pero creo que en esto de la maternidad lo primero que una aprende es que lo mejor es dejar que tu instinto te guié y el mío pide un poquito más de paciencia.
V.