domingo, 16 de octubre de 2011

14º Relato: Efectos Colaterales

Desde que supe que estaba embarazada hasta ahora mismo, que mi hijo ya tiene 18 meses, he sufrido una gran transformación, y puedo asegurar que la lactancia ha tenido mucho que ver en mi “mutación positiva”.

Dar el pecho es ahora tan placentero y fácil que casi tengo olvidados los difíciles momentos del comienzo: dolor por las posturas inadecuadas, heridas en los pezones, grietas, mastitis, síndrome de Raynaud...¿Y por qué no abandoné? Pues gracias al apoyo de otras mamás que también daban el pecho, a mi pareja que me entendió y valoró mis esfuerzos y a la asociación Alba Lactancia que me ayudo telefónicamente cuando nadie me podía explicar porqué me dolía tanto el pecho después de dar de mamar.

Nunca creí que estaría dando el pecho hasta los 18 meses ,que es lo que tiene mi hijo ahora, con lo pudorosa que he sido siempre. Pensaba que no sería capaz de dar el pecho en público, y aunque siempre llevo un pañuelo, y me busco un rinconcito escondido para tener intimidad, lo hago!! Y me encanta estar disponible para él, para darle alimento, sostén emocional o para aliviar el dolor de una caída.

Gracias a la lactancia no he vivido ni una sola noche de insomnio, puesto que se ha sincronizado con mis ritmos de sueño desde que nació al dormir conmigo. No me vuelvo neurótica por el temor a que no esté bien alimentado cuando no se come todo, porque sé que mi leche complementa su dieta.

Dar el pecho es una decisión personal, y yo me alegro de haber apostado por esta vía, puesto que como efecto colateral he conocido a una “segunda familia” o tribu, que son las otras familias que comparten mi visión de una crianza natural. Juntarnos a menudo con ellos me ha enriquecido personalmente y son un gran sostén para “mi pequeña manada”: mi marido, mi hijo y yo.

13º Relato: Lactancia y diabetes

Tras siete años de espera y tras varios tratamientos, nuestro sueño se cumplió hace veinte meses con la llegada de Yoel.
Nuestro embarazo fue un poco un poco complicado y el parto muy traumático para ambos, pero nuestra lactancia está siendo un regalo para los tres.
Empezamos no muy bien, “gracias a la inestimable ayuda” de una enfermera que se propuso a toda costa darle una “ayuda” a Yoel porque perdía peso. Yo me sentí muy desvalida, con las hormonas revueltas, con una tristeza postparto brutal y con una complicación extra debido a mi diabetes.
A los cinco días de tener a Yoel y tras controlar un poco el azúcar, fuimos a nuestra primera charla de Parlacta. Empecé a escuchar a las demás mamás, a Tatiana y sobre todo a su hermana Laura con su bebe prematuro envuelto en un fular. Fue Laura la que me miró con infinita ternura y aguantó mis lágrimas primeras. Y fue gracias a las charlas de Parlacta, a leer mucho a Carlos González, a la inestimable ayuda de mi pareja y a la infinita comprensión de Yoel, que nuestra lactancia a día de hoy sigue tan activa.
Con la diabetes tengo muchos problemas, sobre todo por las hipoglucemias, porque Yoel mama muchísimo aun, pero reajusto insulina, como mas y ¡ale! a seguir.
Al igual que muchos en esta andadura, tenemos que aguantar comentarios varios, pero es que la ignorancia es tan atrevida…
Vamos superando poco a poco todo y la experiencia de la lactancia es tan placentera que seguiremos disfrutándola mientras podamos.
Gracias a B y B por su ayuda en este camino.

Raúl, Pilar y Yoel.

viernes, 14 de octubre de 2011

12º Relato: Confianza y voluntad

Me llamo Natalia, tengo 29 años y un bebé de 7 meses. Nació en un parto provocado, de 34+5 y pesó 2,575… No se lo llevaron a neonatos, hice de incubadora (nos pusieron pegaditos en la cama súper abrigaditos, no fue piel con piel pero fue maravilloso) Me perdí la clase de lactancia del curso de preparación al parto, pues me tocaba la semana siguiente al parto, y todo lo que me decían en el hospital lo hacía. Desde que nació estaba todo el rato preguntando si ya le podía dar el pecho pues había leído en algún lado que era muy importante empezar cuanto antes pero me decían que esperara y de pronto una enfermera vino y me dijo que cómo no me lo había puesto aún! El caso es que me ayudó pero no se cogía bien, se quedaba dormido...Me decían “le tienes que pellizcar, cógete el pecho con los dedos como una pinza, dale 15 minutos de uno, 15 minutos de otro y luego le das este biberón” Como era tan pequeñín me dijeron que no podía estar más de 4 horas sin comer, así que si me ponía a las 3 horas a intentar darle el pecho y me tiraba 45 minutos intentándolo me ponía súper nerviosa y le daba el biberón (que tomaba más bien poco). Yo estaba frustrada, mareada con tanto consejo, cada una me decía una cosa (hasta me dieron pezoneras) pero nadie se sentó tranquila y con paciencia a ayudarnos y le veía tan pequeño! Tan frágil! Nos fuimos del hospital con 2.410 y la premisa de volver a los 4 días. En casa todo fue igual, vino una enfermera del programa materno infantil de Sanitas y cuando le conté cómo lo hacía me dijo que lo hacía mal…que el niño no se podía tirar 1 hora al pecho y que le tenía que pellizcar y despertar aunque llorara porque tenía que comer… Yo pensaba que si dormía es que tenía que dormir, y que gastaba más calorías llorando y pasando el mal rato que las que ingería! Me dijo que me lo pusiera 15 minutos, descansara 5 y me lo pusiera otra vez al mismo, y que me sacara 10 minutos de leche del otro pecho… Yo le pregunté ¿Y no será que es que no le cabe más? (Eduardo era una ratilla, teníais que haberle visto) y ella que no, y se empeñó en preparar un biberón para demostrarme que al niño sí le cabía más pero yo no sabía darle de comer… Eduardo no tomó apenas leche y acabó reconociendo que había niños que comían más que otros… (me gustaría que lo viera ahora).
Volvimos al hospital y no había ganado peso suficiente…la pediatra (una distinta a la que nos atendió cuando estuvimos ingresados) me preguntó cómo lo hacíamos y le conté mi batalla…Yo estaba fatal, con ganas de llorar continuamente, yo quería darle el pecho!! Y me dijo súper cariñosa que lo más importante era que me tranquilizara, me olvidara de horarios y que confiara en mí. Me dijo “no ha ganado todo el peso que debería, pero ha ganado que es lo importante y según me cuentas de biberón casi no toma así que vamos a probar solo con tu leche durante tres días y volvéis. Si ha ganado lo que yo considero prudente podéis empezar con la lactancia materna exclusiva pero si no gana peso tendremos que pautar un suplemento de biberón” Me dijo que en esos 3 días me centrara en darle el pecho y descansar, que me hicieran todo lo demás y que si podía me echara la siesta con él. Me recomendó que estuviera con el pecho desnudo y el bebé pegado a mi todo el tiempo del mundo…y que nada de visitas ni de nada…De su consulta pasamos a la consulta de lactancia y me dijeron lo mismo, me animaron mucho y me hablaron de las tomas no nutritivas, de olvidarme de horarios, de dejar que fuera en niño el que se separara del pecho… Por la tarde fui a la revisión con la matrona y le conté todo, lo que ella me dijera iba a ir a misa y me dijo que estaba totalmente de acuerdo con las indicaciones que me habían dado. Me miró el pecho, me dijo que me olvidara de las pezoneras y me hizo confiar más en mí. Pasé esos tres días tal y como me habían dicho salvo en lo de echarme las siestas con él pues mi madre me dijo que lo iba a aplastar y que no sé a quién se quedó dormido y apareció el bebé a los pies de la cama dentro de las sábanas que casi se asfixia… Juan Carlos se ocupaba de todo, me traía trocitos de chocolate blanco y agua cuando me sentaba a darle el pecho…Eduardo lloraba y yo hablaba con él entre lágrimas explicándole por qué no me ponía la pezonera ni le daba el biberón. Le dejaba dormir si se dormía y cuando se cogía al pecho me hacía tan feliz! Fueron un par de días malos, con tentaciones de volver a la pezonera o darle biberón porque no soportaba verle llorar y me daba mucho miedo que no estuviera alimentándose, tenía tanta inseguridad… no le veía si tragaba o no y me daba mucho miedo que se debilitara aún más… Le preguntaba a Juan Carlos “¿y si me pongo pezonera? Es que no se coge” pero me animaba y me daba fuerzas…y menos mal! Cuando volvimos al pediatra había engordado suficiente y nos felicitaron!! Conseguimos que se estableciera la lactancia! Eduardo empezó a coger fuerzas, y a mamar con más frecuencia…seguía estando al pecho mucho rato y las noches empezaron a ser una tortura china. Cuando a los 15 días de nacer el nene Juan Carlos volvió al trabajo, salía de la habitación para darle el pecho…me iba al salón o a la habitación de Eduardo (que no ha usado claro) y allí me tiraba con él una hora dando cabezadas, le cambiaba, le dormía y cuando lo dejaba otra vez en su cuco y me acostaba, tenía que levantarme otra vez. Recuerdo que salimos una mañana y nos encontramos una amiga que dejó la lactancia por una mastitis por recomendación de la pediatra y me estuvo hablando maravillas de dar el biberón, que así tú puedes descansar…la veía tan mona, con su vinito y su cigarrito (soy exfumadora) y yo quería lo mismo! Le estuve dando muchas vueltas y creo que me frenó que Juan Carlos no me dijera desde el principio “vale, si no pasa nada, dale biberón” y que me sentía fatal solo de planteármelo… Por un lado lo deseaba, por otro sentía que no podía hacerle eso a Eduardo. Juan Carlos me dijo que le diera el pecho en nuestra cama, que él cogería al peque, me lo daba y se volvía a dormir y que cuando acabara de comer le avisara que él cogía a Eduardo y le echaba en el cuco otra vez…Pero qué paso??? Que Eduardo y yo nos quedábamos dormidos y vi que no le aplastaba, que aguantaba más entre toma y toma y que descansábamos de lujo así que cada vez pasaba más tiempo en la cama hasta que directamente lo acostábamos en ella desde el principio. A mi alrededor me decían que era una locura pero yo había descubierto a Carlos González y luego a Rosa Jové. En Lactard me entendían y practicaban el colecho también y descubrí el porteo y mi maternidad se volvió maravillosa! Lo pasé mal con los comentarios de la gente y la desinformación que hay pero también he conocido gente estupenda que me da fuerzas cada día. Desde aquí, quiero agradecer a todos los que compartís vuestras experiencias y publicáis artículos sobre lactancia, colecho, porteo… porque gracias a internet descubrí foros y testimonios que me abrieron los ojos y me enseñaron a mirar en mí misma y a escuchar a mi bebé.
Cuando estaba embarazada decía “intentaré dar el pecho, pero vamos, al primer problema le doy biberón que se crían perfectamente” jeje, también decía que daría el pecho hasta que volviera al trabajo y he terminado reduciendo la jornada a 4 horas (con un estrangulamiento de cinturón, claro) y por la tarde, para que Juan Carlos me releve y se quede con el peque. Me compré un sacaleches y hasta la semana pasada se tomaba un biberón con mi leche en mi ausencia pero de un día para otro lo ha rechazado y espera pacientemente a que llegue su teta para comer. Si su padre lo nota más nervioso de la cuenta le ofrece algo de fruta y un poco de agua pero no suele hacer falta.
El día 6 cumplió 7 meses y la gente alucina de que aún le dé el pecho y que esté así de hermoso…Es que tengo muy buena leche!
Os dejo una nota que escribí hace poco explicando cómo me siento en la actualidad. Besos y muchos brazos!

A EDUARDO Y JUAN CARLOS

Mirándote pierdo la noción del tiempo, pierdo la noción de mi misma… he dejado de ser Yo para ser nosotros, he olvidado mi nombre, mis necesidades para pensar en ti… Recuerdo lo pequeño que eras, lo frágil que te veía y la esperanza de alimentarte y fortalecerte que me inundaba en cada toma. Sentía que te daba vida con cada gota de leche que tomabas. Sentía que me daba a ti y nada me ha llenado tanto, nada me hace tan feliz como sentirte cerca, sentirte en paz…verte sano, fuerte, tan vivo, tan risueño. Y siento que es gracias a mí, que eres lo más grande que he hecho nunca y lo mejor que me ha pasado jamás. Cuando te doy el pecho antes de irme a trabajar y te duermes en mis brazos es como si echara raíces a tu lado, como si no pudiera moverme de allí y cuando estoy en el trabajo me viene de repente tu olor que ha quedado impregnado en mi piel, en mi ropa y me transporto… Me imagino contigo, tocando tus manos, mirando tu cara, sonriendo juntos… te veo en mi pecho mamando y descansando un segundo para regalarme una sonrisa, una mirada que grita que me quieres, que te gusta ese momento tanto como a mí, y que sientes lo que quiero transmitirte, sientes mi amor, sientes la paz que me da el tenerte cerca, sientes el placer que siento en ese abrazo inmenso que nos regalamos el uno al otro, sientes que te quiero y me emociono porque siendo tan pequeño entiendes todo eso, sin palabras, sin lecciones, solo sentimientos.




Y entonces pienso que nada de esto hubiera sido como es si no llega a ser por ti que te adjudicaste el papel de columna. Nada sin ti, que has sido el apoyo y el aliento. Te convertiste en descanso, en pañuelo, en alimento y confidente. Nada sin ti, que eres el mejor compañero que podía haber elegido para andar este camino. Nada hubiera sido así…ni siquiera él, que ha heredado tus ojos y tu buen humor, que tiene esa calma que te caracteriza y que tanto ayuda en los malos momentos. Te debemos tanto! Nada sin ti, tampoco yo.

jueves, 13 de octubre de 2011

11º Relato: 16 Meses de Lactancia

Antes del nacimiento de mi hija siempre tuve claro que quería optar por darle Lactancia materna, porque como sabiamente dice Carlos González, es un regalo para toda la vida para ambas. Nunca pensé que pudiera tener problemas, es algo natural que se ha hecho durante miles de años, sin asesoras de lactancia ni pediatras, y ahora que existe esa ayuda extra, ¿porque algo va a ir mal?...Estaba tan convencida que no contaba con biberones en casa, ni leche artificial ni toda la parafernalia que conlleva este tipo de lactancia y que más tarde, tuve que aprender a usar.
Mi hija nació a termino, una niña preciosa y sana de sólo 2500 grs. que al salir del hospital eran menos de 2300 grs....el peso de una botella de Coca cola. El hecho de ser tan pequeña no ayudó en la lactancia ya que se cansaba, se dormía, tenía una boquita diminuta...y el neonatologo nos recomendó, si no hacía pipí, darle un biberón después de alguna toma...nos lo pensamos unas horas y al final la segunda noche de hospital se lo dimos por lo que ya salimos del hospital con lactancia mixta.
Por suerte, ella nunca rechazó el pecho, tomaba ambas cosas sin problemas, hasta que la ligera molestia del pecho al engancharse se convirtió, como por arte de magia, en unas horribles grietas que incluso sangraban...!y sólo llevábamos poco más de 1 semana en casa¡. Creo que nunca he llorado tanto, me sentía frustrada, inútil y decepcionada y si no hubiera estado tan segura de mi deseo hubiera abandonado escuchando los consejos de gente que achacaban mi estado a una depresión postparto que no padecía. Recurrí a la liga de la leche, dónde me corrigieron la postura, pero cuando el dolor es tan insoportable es complicado de solucionar sin que antes se te curen, porque sientes rechazo hacia el momento y te falta llorar cuando se despierta reclamando alimento, porque ese dolor se mezcla con la culpabilidad, con el sentirte mala al casi llegar a detestar ese momento que antes de nacer, estabas deseando vivir.
Cuando ya no podía más, como último recurso antes de abandonar opte por una pezoneras que salvaron la lactancia, permitieron que se me curaran los pechos y me condenaron durante casi 3 meses a tardes interminables sentada amamantandola, que, al contrario que antes, nunca tome mal, sólo decidí disfrutar de mi hija el máximo posible y un día, como si nada, retiré las pezoneras y conseguí (ella consiguió) que mamara sin ellas, en postura correcta y sin dolor. Seguíamos con lactancia mixta, pero todo era mucho mejor, ella distinguía perfectamente el biberón del pecho, sabía usar uno y otro y sabía cuando quería uno u otro, y aunque esa lactancia mixta se prolongó hasta pasados los 6 meses, al menos mantuvimos el pecho ese tiempo. Mi hija rompía con el mito de que si prueban el biberón nunca más querrán pecho.
A los 6 meses, con la introducción de la AC, sobretodo sin biberones de cereales y sin prisa, ella sola rechazó los biberones de leche y ya de paso el chupete, ya sólo quería o “comida” o lactancia materna...De nuevo mi hija hizo lo que se supone es raro, rechazando el biberón a favor del pecho.

Continuamos así con una lactancia materna “normal”, introduciendo AC poco a poco...mi intención era (y es) seguir hasta los 2 años, pero no más allá, y de momento lo estaba logrando, pero a partir de los 11 meses esa lactancia “normal” pasó a ser, de nuevo, como esas interminables tardes de lactancia iniciales. No entendía porque de repente, sin haber introducido ningún cambio, habíamos vuelto a despertares cada hora, a estar más de una hora “enganchada” al pecho por la noche o en la siestas, a pedir cada 30 minutos o incluso menos, en cualquier parte...a no dormirse sin el pecho... pero me era imposible aceptarlo como los dos primeros meses porque habíamos pasado a lo que para mi era una especie de esclavitud (si, ya se que ojalá la esclavitud real fuera eso).
Con 13 meses empezamos el destete “No ofrecer, no negar”, y la cosa no mejoró nada...¡si no hacía falta que le ofreciera, con lo que ella pedía no daba tiempo!, y así, un mes después, con tristeza, empezamos el destete nocturno junto con un pseudo “plan padre” que trajo algunos llantos (nunca abandonada, por supuesto) pero que nos ha permitido, después de 14 meses, volver a domir. Ese destete no resultó fácil, y el diurno no parece que vaya a llegar pronto tampoco.
Ahora atravesamos una extraña fase que continúa siendo complicada porque siempre que se aburre pide, si me ve sentada pide, si llego de la calle pide, si tiene sueño pide...una tarde en casa puede convertirse en tomas cada 30 minutos y eso psicologicamente empieza a agotarme, supongo que estamos tan llenos de estereotipos que nunca imaginamos que un bebe de 16 meses, que corre a todas horas, vaya a mamar como uno de 2 meses o incluso más a menudo, pero mi problema no radica en lo que la gente considera normal o adecuado, sino más bien en lo que mi cuerpo y mi mente empiezan a querer y a rechazar. Mi “plan”, cuando paseaba con mi barriguita, era darle lactancia materna hasta los 18 meses y ahí iniciar el destete progresivo y respetuoso para lograrlo al rondar los 24 o 26 meses, porque no me veía más allá de esa edad, pero nunca pensé que realmente fuera a “querer” que eso pasara, sino más bien al contrario, me imaginaba “obligándome” y sin embargo ahora puedo decir honestamente que tengo ganas de poner el punto y aparte a la lactancia, pasar a la siguiente página pero, ¿estará lista ella? Parece que no.
Quizá la mayoría no me entenderéis, bien porque vuestro mayor deseo es seguir muchos años con esta lactancia y nunca hayáis sentido ese rechazo o bien porque penséis que si ya no deseo seguir no debería hacerlo pero creo que en esto de la maternidad lo primero que una aprende es que lo mejor es dejar que tu instinto te guié y el mío pide un poquito más de paciencia.
V.

10º Relato: Heridas sanadas

Hola a tod@s!

Animada por la Asociación Besos y Brazos en las jornadas de la semana Mundial de la Lactancia me gustaría compartir con vosotros mi experiencia al dar de mamar a mis hijas.
Soy madre de dos niñas Noa con 4 años y medio y Avril de 15 meses.
Mi primer embarazo acabo en cesárea programada: Todo marcho estupendamente durante los 8 primeros meses, Noa estuvo la mayor parte de la gestación moviéndose libremente dentro del útero, pero nunca llegó a colocarse en posición cefálica.
El 8 de marzo de 2007 programaron su nacimiento. Mi deseo nunca fue que naciera por cesárea, quería parirla y recibirla sobre mi cuerpo para ofrecerle el pecho, darle calor y abrazarla fuerte..Pero no fue así, lo único que pude hacer fue darle un fugaz beso en la mejilla mientras nuestra miradas se cruzaban intensamente, las dos deseábamos estar juntas abrazadas, pero nos separaron.
Tarde en verla tres horas y en cogerla 48 horas, la operación me impedía tenerla sobre mi, los dolores no me dejaron iniciar la lactancia hasta pasados dos días. Durante ese tiempo su padre estuvo ocupándose de ella y fue alimentada con biberones. Mi deseo de iniciar la lactancia fue tan grande que al tercer día me incorpore como pude y la puse al pecho, a Noa le costaba agarrarse y eso unido a las molestias físicas hicieron que el inicio de la lactancia fuese muy duro. Pero mi insistencia fue tal que me subió la leche y Noa empezó a ser alimentada por mi. Desde ese instante no me la quise despegar y pedí que la dejaran conmigo permanentemente en lugar de llevársela al nido. Una vez en casa recuperamos el tiempo perdido y la lactancia se consolido sin problemas, no tuve problemas de grietas, ni mastitis, solo tuvimos que encontrar las posturas mas cómodas debido a mi cicatriz. Tarde en recuperarme y disfrutar de la lactancia unos cuatro meses, tuve suerte de no tener que volver al mundo laboral transcurrido ese tiempo y fue entonces cuando empecé a disfrutar realmente de los preciosos momentos que te brinda la crianza con apego, el vinculo, la unión con tu bebe día a día , noche tras noche. Su lactancia se prolongo hasta los 20 meses , fue dejando de mamar de forma natural sin problemas.
Tras el nacimiento de su hermana Avril en junio de 2010 , volvió a retomarlo y ahora mama de vez en cuando.

Con Avril todo ha sido diferente, su parto fue natural, nada mas nacer disfrutamos el “piel con piel “y gracias a la lactancia prolongada de su hermana no tuvo ningún problema al iniciar la lactancia, en la semana 38 ya tenía laguna subida de leche.
Con este segundo embarazo he podido sanar muchas heridas de mi primera experiencia. Todo ha sido placentero y al día de hoy seguimos unidas las tres, el tiempo lo deciden ellas.
Mi experiencia como madre me ha recordado que somos mamíferos, que nuestros bebes son mamíferos y que en lo mas profundo de cada mujer hay una fuerza ancestral que nos recuerda como debemos criar, desde el instinto, desde el amor incondicional.
Doy gracias por el hecho de haber nacido mujer y ser madre.

Arantxa

miércoles, 12 de octubre de 2011

9º Relato: Estoy preparada para amamantar a mi segundo hijo

hola a tod@s
me llamo sandra y tengo un precioso niño de 17 meses que llena toda mi vida y estoy esperando un nuevo retoño para finales de noviembre.
mi experiencia con la lactancia no es positiva, fué corta y me encantaría que hubiera sido un exito, todo por falta de información y por seguir las "normas que dicta la sociedad"
para ser sincera, cuando me quedé embarazada, no tenía claro si iba a dar el pecho a mi hijo, pero según iba creciendo dentro de mí, más claro tenía que esa experiencia no me la queria perder.
álvaro nació con 2,500 kg y 46 cm, en el limite de prematuros, dí a luz en una clínica privada y todo fué negativo, me pusieron a mi hijo en mi regazo solo unos segundos porque necesitaba reanimación (que me enteré bien tarde) y "el piel con piel" no existió entre ambos.
como madre primeriza, para mí era todo nuevo, en mi embarazo no me informé de nada (grave error) y hacia todo lo que me decían, cuando llegué a la habitación estaban mi marido, mis padres, mis suegros y mi niño todo vestidito...yo estaba super cansada, y esperando a ver que tenia que hacer o que me decian...al cabo de unas 6 horas, más o menos, me viene una enfermera y me dice que le tengo que dar el pecho, pedí asesoramiento y ayuda, pero lo único que me dijo fué :"saca la teta y ponle al pecho", al ver que tenia poco pezón, me dice que me pusiera pezoneras....todo el mundo mirando, todo el mundo opinando...pongo a mi niño al pecho y no hay manera, no se cuantas veces pedí asesoria, que alguna enfermera me ayudara, pero nadie me daba su apoyo...la pediatra me dice que como ha nacido bajito de peso, que no me puedo permitir el lujo que mi hijo pierda peso y que le tengo que dar lactancia mixta...imaginaros, pues como el nene no se cogia al pecho, pues bibe al canto.
llegamos a casa, y yo seguía con mi lactancia mixta con pezoneras, en mi cabeza solo oia: "no tienes pezón...no te puede perder pecho"...cuando iba al pediatra mi hijo ganaba bien peso, pero pensaba que no tenia suficiente leche, que mi leche no le alimentaba...al ser tan chiquitin darle de comer era todo un ritual, pero yo, como su mamá, si me tenia que estar dos horas para darle de comer, no me importaba.. en mi pecho se dormia, y después le deba el dichoso biberón...
yo sabia que tenia leche, porque el pecho no me lo vaciaba y me sacaba la leche, para después poder dársela, pero él mi leche la queria en mi teta y la artificial en el bibe.
lo estaba pasando fatal, y ya en mi cabeza rondó la idea de dejarlo, de darle bibe solamente, me recetaron la "pastillita" pero tarde mucho tiempo en tomarmela...me sentia muy mal, el único vinculo que existe en exclusividad con mi hijo iba a desaparecer y cada vez que lo pensaba, no podia parar de llorar....hasta que un dia no lo pensé porque si lo pensaba no lo hacia...me tomé la pastilla para cortarme la leche, pasé muchos dolores, pero lo que más me dolió fué no poder dar el pecho a mi hijo más tiempo, el tiempo que él hubiera decidido.
estoy embarazada de 32 semanas, de nuevo es un niño, y ya estoy informada, he leido mucho sobre lactancia, he escuchado la experiencia de madres y he visto como otras mamás dan el pecho a sus hijos, y cuento con el apoyo de Besos y Brazos, que gracias a ellos sé que estoy preparada para empezar de nuevo y por fin conseguir que mi hijo y yo vivamos la maravillosa experiencia de la LACTANCIA.

martes, 11 de octubre de 2011

8º Relato: Desbordante

Mi niña nació el 29 de Octubre de 2010, tras 10 horas de parto doloroso y con mucho miedo... pero todo se olvidó en el mismo segundo en que mi marido me dijo llorando: "Es verdad, ya está fuera, míralo". Me la dejaron encima de mí y a los pocos minutos, antes de que le cortaran el cordón, ella ya se había cogido al pecho y mamaba como si lo llevara haciendo años. Se cogía con facilidad y cada poco tiempo, tanto es así que la leche ya me había subido a las 24 horas. Yo no sabía que podía ser tan rápido, así que le pregunté a la matrona si era posible. Me miró y me dijo que sí, que era ya la leche. Y por lo visto, en gran cantidad. Tenía los pechos durísimos y llenísimos. Me dolía cada vez que ella empezaba a mamar, los primeros segundos eran horribles. Pero, no sé, algo me decía que era normal, que sería así hasta que mis pechos de primeriza se acostumbraran. Y así fue durante muchos días.

Poco a poco, con la lactancia a demanda, realmente a demanda, gracias sobre todo al ejemplo de mi hermana, que había tenido a su niña tan sólo tres meses antes que yo, el dolor de los primeros segundos fue desapareciendo. Pero, yo seguía teniendo muchísima leche. Me sobraba. Libros, médicos y consejeras de todo tipo (fiables y no fiables), me decían que en unos meses se regularía y que hasta podría dejar de usar los discos protectores. La leche salía a chorro, mi niña a veces se atragantaba, y muchas veces tenía que apartarse y dejar salir el chorro durante un rato hasta que se volvía "dominable". Leía: "eso es que no se agarra bien". Pero, yo sabía que no era así, lo veía. Ella estaba en buena postura, tragaba, engordaba bien... Todo estaba bien, salvo la cantidad de mi leche, que parecía desbordarnos a las dos.
Nunca llueve a gusto de todos. Algunas mujeres se quejan de poca leche, y yo estaba preocupándome porque tenía demasiada. Llegué a consultar por si podía tener algún exceso de hormonas de algún tipo, o defecto, o algo que no funcionara bien en mi organismo...
Mi médico fue tan condescendiente de pedir unos análisis para que me miraran los niveles de oxitocina. No llegué a hacérmelos.
Antes me entró la cordura.
Me paré a pensar, o mejor dicho, a sentir lo que estaba sucediendo. Mi niña crece bien, come bien, le encanta ponerse al pecho. Ella disfruta, yo disfruto enormemente de la lactancia. La máxima molestia de todo esto es que me mojo la ropa, o las sábanas por la noche, que tengo que gastar más de lo esperado en discos de lactancia... Eso son males menores que estoy dispuesta a soportar. Me relajé.
Cuando había demasiada leche en un pecho, me sacaba voluntariamente un poco a mano (millones de veces más fácil, en mi caso, que con el sacaleches. Con apretar un poco salían los chorros como estertores), en vistas a evitar alguna posible mastitis.

Los meses de "demasiada" leche han sido en total 10, y los discos no he podido dejar de usarlos. Esto no es una queja, y ahora veréis porqué.
Sigo notando la "subida" de la leche, en los dos pechos, cada vez que mi niña se coge al pecho y mama con fuerza (si no es para "comer", la cosa es más suave), como si fuera un calambre, una pequeña descarga eléctrica, ligeramente dolorosa. Sería dolorosa sino fuera por las connotaciones tan hermosas que tiene esa sensación... Mi leche es lo que más le gusta a mi niña (de momento). Y a mí, sinceramente, me encanta verla mamar, notar la leche saliendo de mis pechos a borbotones. Incluso, hace poco he reconocido que me encanta (a mi niña también) verla caer. Me gusta notar la sensación de "chorrear", lo que hace unos meses me preocupaba porque "parecía" excesivo, ahora reconozco que me gusta. Me gusta ese exceso de leche, que sobre, que se me salga, que se moje el sujetador y que a veces los discos sigan sin dar abasto. Hasta tal punto que a veces me permito el lujo de ir sin discos y sin sujetador, totalmente desmelenada, para notar ese placer. Es como si fuese una tierra fértil... No importa que la ropa se manche (estoy en casa, nadie me ve, a nadie molesto), la ropa se lava... ¡Y el olor de la leche es tan agradable! Es reconfortante hasta para mí.
Un día tenía un bajón de ánimo terrible y me eché a llorar encima de la cama desconsolada. Estaba agotada de dormir poco y mal, de no rendir en casa, de las exigencias cada vez mayores de la niña, y algún otro problema emocional que se cuela por las rendijas de una madre agotada... Mi rostro fue a parar encima de una mancha de leche inevitable en las sábanas (colecho y lactancia nocturna), y ese olor dulzón evocador de tanta ternura y protección me calmó al instante. Como si fuese mi propio alimento. El olor de mi propia leche me consoló... Entendí la carita que pone mi niña cuando está cansada o asustada y le ofrezco el pecho, sin otro motivo, y ella da un suspiro de alivio y tranquilidad absoluta. Entendí las risas y la cara de felicidad cuando tiene hambre y le ofrezco el pecho. Entendí que sea un universo tan completo para ella, es alimento, es casa, es compañía, es TODO, todo lo bueno, todo lo que le da seguridad, todo lo que materializa el amor que su madre le ofrece, siempre que ella lo quiere, siempre que lo necesita, sin horarios, sin pararme a pensar si es la hora adecuada, o si sus motivos son razonables o no desde el punto de vista adulto, y ya ni siquiera si la cantidad es la adecuada...

Mucha. Mucha suerte es la que tenemos las dos. A punto de cumplir el año, las dos seguimos en nuestro paraíso lácteo. Chorreando. Disfrutando de ir mojadas (ella en los pañales y yo en el sujetador), sin importarnos a ninguna si eso está bien visto, si es civilizado o si es lo normal…