martes, 8 de mayo de 2012
45º Relato: Paz
La llegada al hospital fue urgente. Acababa de empezar la semana 37 y tenia la tensión muy alta, así que la matrona me aconsejó ir al hospital. Estando en cama, unas horas antes de tener a mi pequeña, una enfermera me preguntó si quería darle pecho, le dije que si, y ella me explicó que al ser madre diabética la tendrían que subir a neonatos y que yo tendría que subir después del parto a amamantarla.
Con el parto todo se complicó, la tensión bajo de golpe y subió súbitamente, el azúcar también se me mareó un poco... mi niña nació a la 7 de la tarde por cesárea y yo salí de reanimación pasada la medianoche, con mucho malestar porque solo le había podido dar un beso fugaz, y no la había tenido en brazos, ni le había dado el pecho, pensando en ella pasé la noche.
A la mañana siguiente, sobre las 8 de la mañana pedí subir a verla y probar suerte por si se cogía aun a mamar, la enfermera me dijo que posiblemente le costaría porque ya había tomado varios biberones, me quitaron la sonda, los goteros y como pude me levanté. El encuentro fue muy emotivo, por un lado el dolor intenso de los 14 puntos de la cesárea y por otro la alegría de ver su linda carita.
Los tres días siguientes los pase subiendo a darle pecho cada tres horas entre dolores, frustaciones y alegrías. Intentaba sacarme leche pero no podía, la cambiaba de posición en cada toma pero mi chiquitina no se acababa de coger... El tercer día me la bajaron a la habitación y en la toma de las 9 de la noche le dije a mi madre que no me sentía bien, en lugar de levantarme yo me la pusiera a ella en la cama, y fue mágico, el verdadero encuentro, una junto a la otra, medio desnudas las dos pasamos la noche, mirándonos, cantándole, acariciando su pequeña carita, a ratos durmiendo, a ratos tomando pecho.
Desde ese dia han pasado muchas cosas, muchas personas y muchos comentarios, algunos de ellos desagradables, “tu leche no debe ser buena” “la niña necesita ya comer” pero el peor de todos el de la primera pediatra que la atendió en el centro de salud, a las dos semana de vida, me dijo que no ganaba peso y que tenia que quitarle el pecho y darle biberon, salí llorando, derrotada, sin entender que estaba haciendo mal, pero mis padres dieron con una solución muy fácil, cambiar de pediatra.
Han pasado casi dos años y seguimos teniendo nuestros momentos íntimos de lactancia, es en esos momentos donde madre e hija nos encontramos, nos queremos y lo mas importante: nos entendemos.
lunes, 7 de mayo de 2012
44º Relato: Por que dar el pecho es algo más…
Cuando estaba embarazada de unos 5 o 6 meses, fui por primera vez a la preparación
al parto. Entonces conocí a la persona que me enseñó, me educó, me aconsejó, me animó e
incluso puedo decir que me convenció para dar el pecho. Yo no llevaba nada pensado, ni me
había planteado dar o no el pecho porque yo fui a las clases para que me enseñaran a cuidar
de mi hija. Llevaba preguntas sobre como cogerla, como bañarla, que hacer para calmarla si
lloraba y que hacer conmigo misma si no era capaz de cuidar de mi hija.
Las primeras clases me resultaron algo cansinas. El pecho, el pecho, el
pecho....Entonces yo hablaba con mi marido y le decía, "hay que ver tanto pecho, pero si luego
todos crecen igual". Pero fueron pasando los días y las palabras de la matrona iban
acompañadas de hechos, de razones, de experiencias vividas a lo largo de su carrera, pero
sobre todo iban cargadas de amor. Y todo ese amor se lo podría yo dar a mi hija a través de su
comida.
Y es que dar el pecho no es sólo dar de comer, es una entrega de tu propio cuerpo, es
cogerla en brazos, es sentir su respiración en el seno, es ser su primer juguete porque es
nuestro pecho lo que primero cogen y sueltan, es dar amor piel con piel, es protegerla, es
dedicar tiempo exclusivo a ella y como dice mi matrona es vacunarla cada día un poquito.
Dar el pecho es un regalo para toda la vida que nos hacemos mutuamente, es decir, yo a mi
hija y mi hija a mi por llenarme de un amor tan grande, único y especial. Mi hija mayor tiene 29
meses y sigue mamando una o dos veces al día y mi hija pequeña tiene 6 meses y está con
lactancia materna exclusiva. Muchos me recomendaron que quitase el pecho a mi hija mayor,
pero aunque al principio la costó un poquito entender que la hermanita lo necesitaba más que
ella, ahora es ella quien me dice cuando tiene que comer su hermanita.
Hoy por hoy me río de mi misma cuando pienso en los miedos que tenía cuando fui a
las clases de preparación al parto. Toda madre es capaz de cuidar de su bebe, porque toda
madre tiene pecho, amor, paciencia y muchos otros recursos que nos ofrecen las farmacias.
Nada es fácil, pero tenemos que luchar por lo que creemos y sentimos. Mi matrona también
nos decía que cada madre que no da el pecho es como si cada una de ellas tirase una
farmacia a la basura y eso me llegó al alma.
Yo sé que hay madres que por mil circunstancias no pueden dar pecho y se sienten
fatal sólo de pensar que no pueden alimentar a sus hijos. Pero existe otra forma de verlo, le
doy de comer con los recursos que me ofrecen pero puedo poner a mi hijo en mi pecho para
que me sienta y para yo sentirle, puedo poner a mi hijo al pecho para que se tranquilice y yo
estar más tranquila. El pecho es algo más...
Para terminar quiero dar las gracias públicamente a mi matrona Mª Angeles del centro de
salud de Camarena, por su profesionalidad, por su entrega, por su personalidad arrolladora,
por su preocupación por los bebes y sobre todo por el estado emocional de las mamas. Es una
suerte haberla conocido.
También quiero dar las gracias a mi marido que en todo momento me ha ayudado y a confiado
en mi, incluso en los momentos en los que ni yo misma lo hacía. Y a los dos soles que me
iluminan cada día por mucho que llueva, Cayetana y Jimena.
domingo, 6 de mayo de 2012
43º Relato: A pesar de la Hipotonía
El comienzo de la lactancia de Jaime no fue fácil. Aunque fue un parto natural y maravilloso en casa y estuvo sobre mí desde el comienzo no tenía mucho interés ni fuerza suficiente. Al nacer supimos que tenía síndrome de Down. Tuvimos la enorme suerte de que María, una de las matronas que atendió el parto, tenía un hijo con la misma condición ya mayorcito y que ella había colaborado en los hospitales para el primer contacto de padres en esta circunstancia. Así que nos dijo que iba a tener más interés en dormir que en comer, que tendríamos que achucharle mucho para que comiera y además su falta de tono muscular congénita le haría más difícil la succión, pero que insistiéramos que era posible.
Tras dos días de su nacimiento, fuimos al hospital Puerta de Hierro para que le hicieran la tanda de pruebas de rigor para estos casos. No fue sorpresa cuando además nos dijeron que estaba deshidratado porque por mucho que le achuchábamos para comer, él no tenía gran interés. De hecho ese mismo día en un ataque de desesperación, habíamos comprado un bote de leche artificial para alérgicos… no llegamos a abrirlo y lo devolvimos. Esa primera noche que él pasó en el hospital lejos de mí, me subió la leche así que de camino a casa compramos un sacaleches.
La semana siguiente la pasó en el hospital, con la suerte de que pudimos permanecer con él todo el tiempo. Como es un hospital IHAN, yo me sacaba la leche en cada toma y las enfermeras de neonatos nos enseñaron a dar de comer al pequeño Jaime con una jeringa y un dedito imitando el pezón para que pudiéramos disfrutar de lactancia materna. Y así le alimentaban ellas por la noche. Igualmente le ponía en mi pecho e íbamos viendo cómo iba, pero lo cierto es que al comienzo, ni siquiera tenía interés en comer lo mínimo para su peso.
Al final de la semana, había ganado peso y fuerza y probamos con una pezonera, lo que le facilitaba el trabajo a su boquita y así salimos del hospital dando teta!! No me importaba mucho que fuera con ayuda, pensaba que en algún momento podríamos quitarla. Y así fue, al cabo de un mes fui a pasar el día con mis padres y ¡olvidé la pezonera en casa! Compramos otra pero no se adaptaba bien al pezón y Jaime me demostró que ya era un tío fuerte y se enganchó él solito. Y menos mal porque con el tiempo y debido a la hipersensibilidad de su boca, no tolera en la boca nada de plástico, y aunque alguna vez le di bibe con mi leche, rápidamente empezó a rechazarlo.
Recuerdo que durante los primeros meses tuve un par de episodios de “alarma” pensado que se me estaba retirando la leche… recuerdo estar a las 12 de la noche en el ordenador consultando porqué se me retiraba la leche, cómo evitarlo… Ahora me hace gracia pero entonces la idea de dejar de disfrutar de esos momentos, que por la hipotonía, en ocasiones eran tomas maratonianas, me daba una enorme tristeza. Ahora mi hijo tiene 18 meses, estamos esperando a su hermanita y hace un par de meses más o menos me quedé sin leche (esta vez sí). No sé si fue el stress, si ha sido el embarazo pero la verdad es que echo mucho de menos ese contacto con mi pequeño. Recuerdo de una manera especial cuando alguna vez nos hemos bañado juntos y al salir del baño los dos desnudo,s sin darme cuenta atrapaba mi pezón. Y esos sonidos de satisfacción del comienzo cuando era todo su alimento… es lo más bonito que he hecho en mi vida, lo tengo claro. Por suerte lo podré repetir en unos meses!!
jueves, 3 de mayo de 2012
42º Relato: Lactancia Deseada
Desde que me quedé embarazada, tuve claro que iba a dar el pecho. Soy enfermera, he trabajado toda mi vida en UCI neonatos y sé lo que significa la lactancia materna.
Mi embarazo no fue cómo me imaginaba ya que tuve una Diabetes Gestacional tratada con insulina, pero el parto fue sensacional. Yo sí me puse la epidural pero en todo momento pude sentir las contracciones, mover las piernas y participar en mi parto. Tuve suerte ya que la anestesista me puso la dosis correcta para no tener dolor pero sí sentir......
Soy madre primeriza, mi parto duró poco y en 4 empujones, Yago estaba junto a mí. No se separó en ningún momento y pude enganchármelo al pecho nada más nacer. Quisieron llevárselo durante las primeras 24 h para controlarle el azúcar pero les ofrecí el que lo hiciesen en la habitación y evitar así que nos separasen.
Las primeras noches fueron duras, se enganchaba cada hora y comencé a notar los efectos de ello (pezones irritados, ingurgitación,....). Aún así, nunca desistí y conseguí evitar una posible mastitis masajeándome el pecho y con agua caliente y fría.
Posteriormente me di cuenta que parte del dolor de pecho era debido a que no se enganchaba bien. Mi gran error fue el usar de vez en cuando una pezonera ya que se acostumbró a ello y, claro, la estimulación ni el contacto es el mismo. Pero la pezonera hacía su función ya que me salía tal cantidad de leche que Yago se atragantaba y era incapaz de tragar tanta.
Me costó deshacerme de la pezonera pero lo conseguí. Mi hijo tiene actualmente 6 meses y medio y continúo disfrutando dándole el pecho.
Actualmente estoy trabajando y voy con el sacaleches y el termo todos los días al trabajo. Así, si necesitan darle algún biberón en la guardería, será de mi leche. He tenido la suerte de encontrar una guardería donde conocen los métodos de conservación y administración de leche materna. De momento, pretendo continuar así aunque también reconozco que es duro y que tengo la suerte de poder extraerme la leche en mi trabajo de forma tranquila, pero sé que no es fácil.
Mucha gente te mira como un bicho raro por dar el pecho cuando el niño ya inicia la alimentación complementaria, cuando tienes algún problema de inicio con el pecho te suelen animar para que le des un biberón, si no coge peso suficiente, te aconsejan que hagas una lactancia mixta.....El dar el pecho a Yago ha sido un camino que he recorrido prácticamente sola, con poco apoyo, exceptuando a mi marido y mi gran amiga Paloma a quien se lo agradeceré infinitamente.
Cuando voy a recogerle a la guardería y llegamos a casa, lo primero que hace es intentar levantarme la camisa para darle el pecho. Ese gesto es lo que me hace feliz todos los días, que busque la teta de su mamá, que me mire y me sonría mientras mama.
Así seguiremos Yago y yo, hasta que dure.......................................................esperemos que por mucho tiempo
martes, 24 de abril de 2012
41º Relato: Confiar
Desde antes de quedarme embarazada ya había muchas cosas que oía y me chirriaban, tanto sobre el parto como sobre la lactancia… como era posible que todas las mujeres que conocía tuvieran algún problema físico que las impidiera parir normalmente y mas tarde lactar??? La que no era estrecha, no dilataba y la que que no, se lo inducían porque tardaba demasiado, etc.… en fin, que no comprendía como un proceso natural podía ser tan complicado y comencé a investigar y del parto pase a la lactancia, ahí tres cuartas de lo mismo, tengo 33 años y no había visto nunca a ninguna conocida dar el pecho, todas tenían algún pero, unas no tenían leche, a otras no les subía, a otras se les iba… pffffff algo fallaba. Y así descubrí que lo que tenía que hacer era confiar en mí y no plantearme nada, la humanidad ha sobrevivido así millones de años y ya esta, encontré como muchas compis “Un regalo para toda la vida” donde este gran pediatra explica de forma muy sencilla el hecho de lactar.
Y de esta manera llego el día que nació mi hija. Maravillosa, con 4,100 kl (ya me habían dicho que tendría problemas por lo grande que era… jjajaja) en un maravilloso parto natural, con su peros, pero mío y respetado, y allí la tenia a los pocos minutos de nacer olisqueando en busca del pezón. Se engancho fenomenal y todos los profesionales del centro, especialmente las matronas y enfermeras, me ayudaron en todo lo que necesite, tengo que aclarar que acudí al hospital de Fuenlabrada en Madrid que tiene certificación IHAN.
Tuvimos una pequeña grieta que se soluciono con una corrección de postura y a los 15 días ya estaba todo rodando. Siempre ha mamado a demanda con tomas cortas y muy seguidas y nunca me he planteado si tomaba lo suficiente o no, crecía, mojaba sus pañales y estaba feliz, a los 6 meses empezó con la alimentación complementaria, yo a trabajar y seguimos igual pero sacándome una toma por la mañana en el trabajo que al día siguiente la daban en vasito, y toda la tarde y noche barra libre!
Tengo que decir que me ha ayudado mucho el apoyo de mi marido, de las compañeras del grupo de lactancia y el que por ser yo bastante pasota, los comentarios me han resbalado siempre muchísimo, porque de vez en cuando hay que escuchar cada perlita… también ha sido clave el colecho, sin dormir los tres juntos no habría aguantado las temporadas de 6 y 7 tomas nocturnas.
Y aquí seguimos, con 14 meses y los que nos quedan, espero! Porque el día que decida destetarse lo voy a sentir muchísimo, es algo maravilloso, un regalo para toda la vida.
Gracias mi niña.
martes, 13 de diciembre de 2011
40º Relato: Feliz Re-lactancia
Bueno pues.............por donde empezar???
Quizas para que podais entender como me sentí y como me siento ahora debería comenzar por el parto de Diego ( mi primer hijo de ahora 3 años).
Queriamos para él un parto natural que por diferentes motivos comenzó en una sala de “parto natural” en una clinica madrileña y termino siendo una cesarea. No puedo evitar todavia que se me haga un nudo en la garganta al recordarlo, pero.......esa es otra historia.
Al nacer Diego por cesarea ya sabréis que la leche tarda mas en subir, pero yo como madre primeriza no sabia ni eso ni nada, como colocarme el bebe, que hacer si el bebe no mamaba bien, etc.etc. No tuve ninguna ayuda de ningun medico, ni matrona, ni enfermera, que me explicara como ponerme a mi hijo al pecho, que debia tomar calostro, que fuera paciente porque la leche tardaría mas en subir pero subiría.....
No tuvimos nada de eso, todo lo contrario solo tuve una visita de una “amable “ enfermera que me miró a los ojos con cara de : “ Eres una mala madre” y me dijo: Este niño necesita un biberón...........No le ves que tiene hambre!!!!!!!!!!!!!
DOBLE DECEPCION; llevaba 9 meses soñando un parto natural y una lactancia feliz......
Me sentía fatal, mi hijo tomaba biberón.
Acababa de empezar mi maternidad y ya me sentía una “mala madre”.
Entonces comencé mi lucha, bueno, nuestra lucha ( la de Diego y la mia).
Comence a informarme, a leer libros y mientras Diego tomaba biberón yo no paraba de ponerlo al pecho, dia tras dia tras dia.....
Un buen dia tras haber pasado ya 2 meses del nacimiento de Diego llegó a mis manos un libro llamado: Un regalo para toda la vida. Y tras la lectura en voz alta para mí y para Diego e ir dia a dia poniendo a mi hijo al pecho y eliminar poco a poco tomas de biberón...........POR FIN después de casi 3 meses lo habiamos conseguido, mi hijo solo tomaba TETA. Y ahora solo os puedo decir que fue muy duro, muchas horas de dedicación, muchas opiniones en contra, muchas lagrimas derramadas, mucho sentimiento de culpabilidad, pero la fuerza de mi hijo y la mia pudieron con todo. Hoy mi hijo tiene 3 años y sigue tomando teta, la cual comparte con su hermana Zoe ( de 9 meses) nacida en parto natural asistido en nuestra propia casa.
Esta es nuestra historia y solo decir que GRACIAS, GRACIAS A MI HIJO DIEGO PORQUE ME HA REGALADO UNA FELIZ LACTANCIA Y A SU HERMANA LA HA REGALADO UN PARTO NATURAL. GRACIAS DE TODO CORAZON, TE QUIERO.
Fdo. Carolina M.V.
Quizas para que podais entender como me sentí y como me siento ahora debería comenzar por el parto de Diego ( mi primer hijo de ahora 3 años).
Queriamos para él un parto natural que por diferentes motivos comenzó en una sala de “parto natural” en una clinica madrileña y termino siendo una cesarea. No puedo evitar todavia que se me haga un nudo en la garganta al recordarlo, pero.......esa es otra historia.
Al nacer Diego por cesarea ya sabréis que la leche tarda mas en subir, pero yo como madre primeriza no sabia ni eso ni nada, como colocarme el bebe, que hacer si el bebe no mamaba bien, etc.etc. No tuve ninguna ayuda de ningun medico, ni matrona, ni enfermera, que me explicara como ponerme a mi hijo al pecho, que debia tomar calostro, que fuera paciente porque la leche tardaría mas en subir pero subiría.....
No tuvimos nada de eso, todo lo contrario solo tuve una visita de una “amable “ enfermera que me miró a los ojos con cara de : “ Eres una mala madre” y me dijo: Este niño necesita un biberón...........No le ves que tiene hambre!!!!!!!!!!!!!
DOBLE DECEPCION; llevaba 9 meses soñando un parto natural y una lactancia feliz......
Me sentía fatal, mi hijo tomaba biberón.
Acababa de empezar mi maternidad y ya me sentía una “mala madre”.
Entonces comencé mi lucha, bueno, nuestra lucha ( la de Diego y la mia).
Comence a informarme, a leer libros y mientras Diego tomaba biberón yo no paraba de ponerlo al pecho, dia tras dia tras dia.....
Un buen dia tras haber pasado ya 2 meses del nacimiento de Diego llegó a mis manos un libro llamado: Un regalo para toda la vida. Y tras la lectura en voz alta para mí y para Diego e ir dia a dia poniendo a mi hijo al pecho y eliminar poco a poco tomas de biberón...........POR FIN después de casi 3 meses lo habiamos conseguido, mi hijo solo tomaba TETA. Y ahora solo os puedo decir que fue muy duro, muchas horas de dedicación, muchas opiniones en contra, muchas lagrimas derramadas, mucho sentimiento de culpabilidad, pero la fuerza de mi hijo y la mia pudieron con todo. Hoy mi hijo tiene 3 años y sigue tomando teta, la cual comparte con su hermana Zoe ( de 9 meses) nacida en parto natural asistido en nuestra propia casa.
Esta es nuestra historia y solo decir que GRACIAS, GRACIAS A MI HIJO DIEGO PORQUE ME HA REGALADO UNA FELIZ LACTANCIA Y A SU HERMANA LA HA REGALADO UN PARTO NATURAL. GRACIAS DE TODO CORAZON, TE QUIERO.
Fdo. Carolina M.V.
jueves, 1 de diciembre de 2011
39º Relato: Una lactancia agridulce
Para iniciar el relato de nuestra lactancia, debo empezar en el momento del parto… Después de tres horas de dulces contracciones y dos horas entre contracciones más fuertes y largos e intensos empujones, nació my dulce Arnau, con cara amoratada, grandes ojos azules y ese olor a cachorro, a parto, a mi pequeño, que todavía hoy si cierro los ojos soy capaz de oler.
Decidí parir a mi hijo en casa, por muchos motivos, pero sobre todo para empezar la lactancia con buen pie… sabía lo importante que era un buen nacimiento para un amamantamiento exitoso así que no hubo duda en el momento de decidir.
Con quince minutos de vida, mi pequeño empezaba a tomar calostro, había estado esperando ese momento… fue maravilloso.
Seguimos así los siguientes tres o cuatro días pegaditos piel con piel, mamando, pero mi pequeño jamás parecía saciarse, pensé: ¡esto no es lactancia a demanda, es lactancia continua! Pasábamos horas y horas al pecho, y nunca tenía suficiente… Me decía mi misma que debía tener paciencia, que la leche subiría en breve y que pronto quedaría más satisfecho y descansaría entre tomas etc.…
El quinto día empecé a desesperarme, ¡la leche no llegaba! El pequeño estrujaba mi pecho, se quejaba, lloraba, solo lloraba y lo peor, desde el meconio no había hecho más cacas, eso no tenía buena pinta… empecé a buscar ayuda, asesoras de lactancia que te atendían por teléfono, amigas lactantes que me daban apoyo, asesoras valorando el frenillo a través de fotos mandadas por internet… nadie me daba una respuesta… había quien decía que era normal, otros que podía ser el frenillo, yo me decía que había mujeres que no notaban la subida… entre tanta incertidumbre, decidí llamar a mi matrona y valorar de nuevo el peso del pequeño…
Que susto me llevé cuando vi el peso que había perdido… me caían las lagrimas sólo de pensar que mi pequeño había estado llorando de hambre todos estos días… en cuanto dejé de lamentarme empecé con el plan de ataque: estimulación del pecho con sacaleches, suplementos de leche de fórmula con un suplementador, todos los “potingues” y hierbas naturales que estimulaban la lactancia, acupuntura, homeopatía… vaya todas las peripecias habidas y por haber… quince días después el pequeño no había recuperado el peso del nacimiento y no mejoraba mucho la situación… No entendía que me estaba pasando, yo había seguido el ABC de la lactancia… ¿¿¿¿Por qué no me subía la leche???
Así que decidí visitarme con un famoso pediatra experto en lactancia, quien escuchó mis llantos y penas, exploró a mi pequeño con mucho cariño y finalmente valoró una hipogalactia (escasa producción de leche). No me lo podía creer, no podía pensar que esto me estuviera pasando a mí… yo que había convencido a tantas mujeres de que todas tenemos leche, que me reía cuando mi abuela me decía: ¡Ojalá tengas mucha leche!! No podía ser verdad… Para mí la lactancia materna era innegociable, tenía claro que quería amamantar si o si… el pediatra me dio algunas recomendaciones para seguir con la lactancia: mucha estimulación, posiciones más adecuadas y una medicación, no me prometió una lactancia materna exclusiva, pero si quizás una mixta hasta la introducción de “los sólidos”…
Estaba desecha, pero al menos ahora tenía un motivo, una explicación de lo que me estaba pasando, de alguna manera fue un alivio, un ápice de esperanza también con la medicación y como todas y todos sabéis, es importante vivir la lactancia de manera positiva.
Empecé con todas las indicaciones del pediatra, y algo mejoró. Empezó a salir más leche, pero no la suficiente como para saciar a mi niño… por las tardes cuando la producción menguaba, era frustrante ver al pequeño llorar y llorar, exprimiéndome el pecho, viendo que sólo se calmaba con la leche artificial…
Hacia el mes y medio todo seguía igual, yo estaba muy triste, veía a mi pequeño coger peso muy lentamente y que todo se estancaba… fue un punto de inflexión, estuve a punto de dejar la lactancia. Por suerte hubo quien me animó a no hacerlo… de hecho fueron tres personas: Mi madre quien me recordó que tenía un bebé precioso que se merecía que yo fuera feliz y disfrutara cuidándolo, que lo estaba haciendo muy bien y que estaba muy orgullosa de mi. Una amiga y madre lactante experta que me dijo que a darle lactancia artificial, siempre estaba a tiempo y que cada gota de leche que le daba era buena para mi bebé. Y mi matrona, amiga y compañera que me recordó que en la vida yo le podría dar a mi hijo todo lo que tenía, pero que no debía sentirme culpable por no darle lo que no podía.
Así pasaban los días, le daba la teta continuamente hasta que se enfadaba, entonces le daba leche con el suplementador (para mí era básico no perder el piel con piel de la teta) y cada día deseaba poder darle un poco menos de leche de fórmula pensando que tanta estimulación haría que yo produjera mas leche… pero no era así. Cada vez aumentaba menos de peso y tanto él como yo nos pasábamos el día tumbado en el sofá teteando, el peque lloraba desesperado si yo me despegaba para ir al baño y yo tenía un mal humor impresionante, porque no hacía nada más en todo el día…
Un día decidí que esto debía terminar, ¡no podíamos seguir así! Miré en el bote de leche la cantidad que le tocaba y decidí darle las 5 tomas al día, además de mi pecho, por supuesto…
Ese día fue el que realmente asumí que tenía una hipogalactia y que no podía hacer nada más, pero ese día empecé a disfrutar de mi bebé. Él reía, estaba contento, disfrutaba de mis besitos, abrazos… podíamos pasear tranquilos por la calle, mis amigos y familiares podían cogerlo en brazos sin que llorara…. ¡¡Vaya un cambio brutal!! Y a mí, me cambió el humor.
Ahora con cuatro meses, sigo dándole la teta, toda la que puedo… espero seguir así muchos meses más… pero no ha sido un camino fácil. Ahora escribo esto en modo terapéutico y también para que sirva de testimonio para otras mamás…
En este proceso me he encontrado con otras mamás que han tenido dificultades y en concreto encontré a una que tuvo el mismo problema. Ella me apoyó un montón, fue de gran ayuda… Con la hipogalactia, a diferencia de otras dificultades, es difícil diagnosticarla y resolverla…
Cuando iba a grupos de apoyo a la lactancia no me sentía comprendida: primero la mayoría de las veces no me creían, me decían que debía ser un problema de frenillo, de mala colocación o de falta de estimulación, esto a mí me ofendía muchísimo (yo lo estaba haciendo todo por mi bebé y esas mujeres dudaban de ello), luego me comparaban con otras mujeres que habían tomado la excusa de la falta de la leche para dejar la lactancia, cuando yo seguía peleando por mantenerla… y lo peor era que cuando finalmente me creían me daban por un caso perdido y me daban a entender que no podían hacer nada por mí, cuando yo lo único que necesitaba era comprensión y apoyo…
Espero pues que cuando alguna otra mujer pueda encontrarse con ello tenga más apoyo, que los grupos de lactancia tengan en cuenta que hay mujeres que pueden tener este problema y que puedan acompañarlas, aunque lo que más deseo, es que se estudie y se busque información sobre este problema porque prácticamente no hay estudios ni protocolos de actuación que sean concluyentes y puedan guiarnos como actuar. Voy a empezar por buscar los motivos que me han llevado a esto, tan a nivel físico como emocional e intentar buscar una solución, porque espero tener más hijos y poder darles una lactancia placentera para los dos.
Decidí parir a mi hijo en casa, por muchos motivos, pero sobre todo para empezar la lactancia con buen pie… sabía lo importante que era un buen nacimiento para un amamantamiento exitoso así que no hubo duda en el momento de decidir.
Con quince minutos de vida, mi pequeño empezaba a tomar calostro, había estado esperando ese momento… fue maravilloso.
Seguimos así los siguientes tres o cuatro días pegaditos piel con piel, mamando, pero mi pequeño jamás parecía saciarse, pensé: ¡esto no es lactancia a demanda, es lactancia continua! Pasábamos horas y horas al pecho, y nunca tenía suficiente… Me decía mi misma que debía tener paciencia, que la leche subiría en breve y que pronto quedaría más satisfecho y descansaría entre tomas etc.…
El quinto día empecé a desesperarme, ¡la leche no llegaba! El pequeño estrujaba mi pecho, se quejaba, lloraba, solo lloraba y lo peor, desde el meconio no había hecho más cacas, eso no tenía buena pinta… empecé a buscar ayuda, asesoras de lactancia que te atendían por teléfono, amigas lactantes que me daban apoyo, asesoras valorando el frenillo a través de fotos mandadas por internet… nadie me daba una respuesta… había quien decía que era normal, otros que podía ser el frenillo, yo me decía que había mujeres que no notaban la subida… entre tanta incertidumbre, decidí llamar a mi matrona y valorar de nuevo el peso del pequeño…
Que susto me llevé cuando vi el peso que había perdido… me caían las lagrimas sólo de pensar que mi pequeño había estado llorando de hambre todos estos días… en cuanto dejé de lamentarme empecé con el plan de ataque: estimulación del pecho con sacaleches, suplementos de leche de fórmula con un suplementador, todos los “potingues” y hierbas naturales que estimulaban la lactancia, acupuntura, homeopatía… vaya todas las peripecias habidas y por haber… quince días después el pequeño no había recuperado el peso del nacimiento y no mejoraba mucho la situación… No entendía que me estaba pasando, yo había seguido el ABC de la lactancia… ¿¿¿¿Por qué no me subía la leche???
Así que decidí visitarme con un famoso pediatra experto en lactancia, quien escuchó mis llantos y penas, exploró a mi pequeño con mucho cariño y finalmente valoró una hipogalactia (escasa producción de leche). No me lo podía creer, no podía pensar que esto me estuviera pasando a mí… yo que había convencido a tantas mujeres de que todas tenemos leche, que me reía cuando mi abuela me decía: ¡Ojalá tengas mucha leche!! No podía ser verdad… Para mí la lactancia materna era innegociable, tenía claro que quería amamantar si o si… el pediatra me dio algunas recomendaciones para seguir con la lactancia: mucha estimulación, posiciones más adecuadas y una medicación, no me prometió una lactancia materna exclusiva, pero si quizás una mixta hasta la introducción de “los sólidos”…
Estaba desecha, pero al menos ahora tenía un motivo, una explicación de lo que me estaba pasando, de alguna manera fue un alivio, un ápice de esperanza también con la medicación y como todas y todos sabéis, es importante vivir la lactancia de manera positiva.
Empecé con todas las indicaciones del pediatra, y algo mejoró. Empezó a salir más leche, pero no la suficiente como para saciar a mi niño… por las tardes cuando la producción menguaba, era frustrante ver al pequeño llorar y llorar, exprimiéndome el pecho, viendo que sólo se calmaba con la leche artificial…
Hacia el mes y medio todo seguía igual, yo estaba muy triste, veía a mi pequeño coger peso muy lentamente y que todo se estancaba… fue un punto de inflexión, estuve a punto de dejar la lactancia. Por suerte hubo quien me animó a no hacerlo… de hecho fueron tres personas: Mi madre quien me recordó que tenía un bebé precioso que se merecía que yo fuera feliz y disfrutara cuidándolo, que lo estaba haciendo muy bien y que estaba muy orgullosa de mi. Una amiga y madre lactante experta que me dijo que a darle lactancia artificial, siempre estaba a tiempo y que cada gota de leche que le daba era buena para mi bebé. Y mi matrona, amiga y compañera que me recordó que en la vida yo le podría dar a mi hijo todo lo que tenía, pero que no debía sentirme culpable por no darle lo que no podía.
Así pasaban los días, le daba la teta continuamente hasta que se enfadaba, entonces le daba leche con el suplementador (para mí era básico no perder el piel con piel de la teta) y cada día deseaba poder darle un poco menos de leche de fórmula pensando que tanta estimulación haría que yo produjera mas leche… pero no era así. Cada vez aumentaba menos de peso y tanto él como yo nos pasábamos el día tumbado en el sofá teteando, el peque lloraba desesperado si yo me despegaba para ir al baño y yo tenía un mal humor impresionante, porque no hacía nada más en todo el día…
Un día decidí que esto debía terminar, ¡no podíamos seguir así! Miré en el bote de leche la cantidad que le tocaba y decidí darle las 5 tomas al día, además de mi pecho, por supuesto…
Ese día fue el que realmente asumí que tenía una hipogalactia y que no podía hacer nada más, pero ese día empecé a disfrutar de mi bebé. Él reía, estaba contento, disfrutaba de mis besitos, abrazos… podíamos pasear tranquilos por la calle, mis amigos y familiares podían cogerlo en brazos sin que llorara…. ¡¡Vaya un cambio brutal!! Y a mí, me cambió el humor.
Ahora con cuatro meses, sigo dándole la teta, toda la que puedo… espero seguir así muchos meses más… pero no ha sido un camino fácil. Ahora escribo esto en modo terapéutico y también para que sirva de testimonio para otras mamás…
En este proceso me he encontrado con otras mamás que han tenido dificultades y en concreto encontré a una que tuvo el mismo problema. Ella me apoyó un montón, fue de gran ayuda… Con la hipogalactia, a diferencia de otras dificultades, es difícil diagnosticarla y resolverla…
Cuando iba a grupos de apoyo a la lactancia no me sentía comprendida: primero la mayoría de las veces no me creían, me decían que debía ser un problema de frenillo, de mala colocación o de falta de estimulación, esto a mí me ofendía muchísimo (yo lo estaba haciendo todo por mi bebé y esas mujeres dudaban de ello), luego me comparaban con otras mujeres que habían tomado la excusa de la falta de la leche para dejar la lactancia, cuando yo seguía peleando por mantenerla… y lo peor era que cuando finalmente me creían me daban por un caso perdido y me daban a entender que no podían hacer nada por mí, cuando yo lo único que necesitaba era comprensión y apoyo…
Espero pues que cuando alguna otra mujer pueda encontrarse con ello tenga más apoyo, que los grupos de lactancia tengan en cuenta que hay mujeres que pueden tener este problema y que puedan acompañarlas, aunque lo que más deseo, es que se estudie y se busque información sobre este problema porque prácticamente no hay estudios ni protocolos de actuación que sean concluyentes y puedan guiarnos como actuar. Voy a empezar por buscar los motivos que me han llevado a esto, tan a nivel físico como emocional e intentar buscar una solución, porque espero tener más hijos y poder darles una lactancia placentera para los dos.
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