viernes, 11 de octubre de 2013

64º Relato: Sííííííí!!!

¡SÍ!

Como no podía ser de otra manera, John Lennon y Yoko Ono no se conocieron de un modo, digamos, convencional. La artista japonesa organizaba una exposición en Londres en el medio de la cual había una escalera que llegaba hasta una lupa colgada del techo y, en letras muy pequeñas, estaba escrita la palabra "yes". Lennon dijo que si la palabra hubiese sido "no" él se hubiera marchado de inmediato. Para quienes amamos la música sabemos que conocer a aquella mujer fue un punto de inflexión en la vida del británico que acabó teniendo consecuencias para la música; la suya y la de toda la que habría de venir después.

Y es que basta un NO, para acabar con una ilusión.

Probablemente hablar de músicos melenudos no es la manera más ortodoxa de comenzar a contar una historia de lactancia, de maternidad, de crianza, de aprendizaje... O quizá es tan válida como otro cualquiera simplemente porque a mi manera de pensar y expresar mi historia yo le digo ¡SÍ!

Hoy, jueves 19 de septiembre de 2013, se cumplen veinte meses de la llegada al mundo de mi hijo; de mi nacimiento como madre. Veinte meses de romper mitos y cambiar ´noes¨ por un solo ¡SÍ!, sonoro y rotundo.

Veinte meses desde aquel día, jueves también como hoy, en los que te llevo prendido a mi pecho, regalándonos tantas y tantas miradas azules cargadas de leche.

De haber existido una lista de “cosas que pueden suponer un impedimento para establecer la lactancia materna exclusiva desde el nacimiento”, probablemente hubiésemos tenido un pleno. O casi.

Es por ello que hoy, veinte meses con todos sus jueves después, me he decidido a contar lo que pudo no haber sido pero…. ¡SÍ!

Imaginad a una mujer con una reducción mamaria bilateral. Imaginad ahora que os dicen también que el hijo de esa mujer no nació en un parto fisiológico sino que lo hizo por cesárea. Añadid a este dato que la cesárea fue programada y que el cuerpo de la madre aún no estaba preparado. Agregad a toda esta información que, por cosas de gustos o vaya usted a saber, la lactancia hubo de establecerse a un solo pecho. Finalizad el cóctel con una enfermedad muscular (bastante bien llevada, pero enfermedad al fin y al cabo).

La mayoría de las personas os dirán que esta mujer imaginaria no podrá amamantar a su bebé, y mucho menos hacerlo en exclusiva durante los 6 primeros meses en los que está indicada la LME. Pues muchas son las veces en que nos topamos con un ¡NO! desalentador, descorazonador… Con apoyos que se desvanecen -¿acaso estuvieron alguna vez?- y nos encontramos solos, teniendo que recomponernos pedazo a pedazo…

Hasta que llega el día en el que una fuerza dentro de ti es más grande que tú misma y que todos esos noes y las bocas que los desparraman. Y te prometes que esta vez vas a sentar precedente. Y vas a hacer que esa mujer imaginaria, que vale de excusa para quienes niegan tu fuerza, sea real.

Y te encuentras siendo esa mujer, veinte hermosos meses después. Y sientes que necesitas compartirlo por si hay más mujeres imaginarias con sus noes que quieren ser reales, como tú. Como yo. Porque, como dicen que dijo John Lennon “Un sueño que sueñas solo es solamente un sueño. Un sueño que sueñas junto a alguien es una realidad”

La forma en la que conseguí establecer esta maravillosa lactancia fue bastante sencilla aunque, a la vez, más difícil de conseguir de lo que parece. Plena confianza en mi capacidad de amamantar no sólo por mi parte sino por la de mi pareja y un poco de estimulación fueron la receta perfecta. Sentir ese ¡SÍ!, imaginarme la sensación de mi hijo sobre mi piel, saber que aunque el parto no pudiera ser mío tal vez podría serlo todo lo demás…

Gracias, hijo, por cada día. Gracias por cada jueves. Gracias por cada ¡SÍ!

jueves, 26 de septiembre de 2013

63º relato - Lactancia Prolongada


Cuando me quede embarazada de Claudia tenia una desinformacion enorme; sabia que queria "un buen parto" y darla el pecho, oi campanas sobre lo beneficioso que es, lo que no sabia es que significaba eso, en que consistia, que magnitud tenia; habia leido alguna revista, algun libro, pero la mayoria incompletos. Con lo cual daba por hecho que necesitaria biberones, esterilizador, una cuna-conver enorme en una habitacion preciosa (en la que no han dormido nunca mis hijas, ha servido para dejar los muñecos y ahora de sofa): Creia que en unos pocos meses despues de nacer la nena dejaria el pecho y dormiria en su habitacion, que era lo que correspondia. 

Entonces nacio mi bebe, en la clinica Belen, con el Dr. Mata; en un parto vaginal, pero para nada respetado, con todo el pack de intervencionismo medico, con separacion inicial de 2 horas (no comparto el por que)... y comenzo la lactancia. Yo pensaba que iba bien la cosa, pero era en la clinica porque estaba en shock, en casa todo se complico:
  •  Subida de la leche, pechos como balones, duros e hinchados, goteando por todos lados.
  •  Grietas por mala postura, que me hacian ver las estrellas y me duraron un mes, hasta que cogimos practica y nos informamos.
  •  Tomas eternas con ansiedad porque se salia de los tiempos marcados.
  •  Infeccion en la episiotomia con molestias y algo de fiebre.
  •  Pediatra del seguro, que a la 3ª consulta hace mal el calculo del peso adquirido en los primeros 15 dias (quiero pensar que no se dio cuenta) y manda suplemento de LA...
 Yo flipaba, vivia otra realidad, como fumada, recuerdo esos dias con desesperacion y al mismo tiempo de forma muy vivida, con todo a flor de piel. Cuantas lagrimas nos costaron a mi niña y a mi esta situacion, que ademas por circunstancias personales cuando Alber se incorporo al trabajo(y eso que le pillo el permiso de 15 dias,por suerte) nos vimos casi solas, sobre todo emocionalmente. Pero otra cosa no sera, pero cabezotas somos un rato. Mi niña no estaba dispuesta a perder su sitio junto a mi y yo habia oido esas campanas en favor de la lactancia, y estaba mas que dispuesta a darla lo mejor a mi hija, y luchamos, nos informamos, buscamos y encontramos quien tenia las respuestas, grupos de lactancia, libros sobre el tema,libros sobre colecho,sobre crianza con apego, foros... encontramos el camino, nuestro camino, el que hace que estemos mas unidas, el que pese a sus ratos malos (que tambien los tiene) me hace pensar que es lo mejor que me ha pasado en la vida .

Hoy mi hija tiene cerca de 5 años, sigue tomando pecho un par de veces al dia. Lo comparte con su hermana de 3 años, nacida en el respeto y que nunca se separo de mi hasta que estuvo preparada. Se que esto marcara la diferencia, las hara mejores personas, porque hoy las hace felices.

Por ultimo tengo que dedicar un recordatorio especial para la persona que me acompaña en esta aventura, que con la suerte de estar de acuerdo en lo basico, siempre nos ha apoyado en esta contracorriente y ha conseguido que fueramos una piña, una FAMILIA. Alberto, mi pareja y padre de mis hijas, GRACIAS, te quiero

jueves, 11 de abril de 2013

62º Relato: Leonor, la niña sabia


...”Embarazada 2-3”. Eso decía la prueba en mi mano. En vez de saltar de alegría, como las otras veces, me miré a mí misma fijamente en el espejo. No sabía cómo sentirme. No me atrevía a sonreír, no me atrevía a esperar nada. Félix reaccionó igual que yo cuando le dí la noticia: “bueno, pues a ver qué pasa esta vez…” murmuró simplemente, abrazándome. Cuando es la cuarta vez que se pasa por ello, parece que la emoción no es la misma. Parece que se nos roba la alegría de ese primer momento, empañada por todos los “y si…” que los que hemos sufrido pérdidas conocemos tan bien. La presencia silente, esbozada, de nuestra pequeña, no tuvo fiestas ni lágrimas de alegría. Fue una acogida tibia, casi resignada. No nos atrevimos a más.
Pero no teníamos de qué preocuparnos: Leonor fue desde el principio, desde que no era más que un conjunto de celulitas, una niña sabia. Supo siempre, en todo momento, qué era lo que tenía que hacer. Se agarró a mis entrañas como una fiera, su corazoncito empezó a latir como un campeón en el momento justo, se movió y dio sus pataditas cuando tocaba, haciéndolo a menudo para tranquilizar a su histérica mamá, que con tres malas experiencias previas no las tenía todas consigo. También cuando tocaba se dio la vuelta, preparándose para nacer, y decidió venir al mundo exactamente en el día en que salía de cuentas. Eso sí, hubo que hacer una cesárea porque en el último momento decidió que su cabeza era demasiado grande y no quiso bajar hacia el canal del parto.
…Así que ahí estaba yo, con un cosido en el útero y un retraso de seis horas en el comienzo de mi lactancia. Nada de contacto piel con piel (apenas pude darle un beso en el quirófano, y para ello tuvieron que quitarme la mascarilla de oxígeno y yo que tratar de controlar los temblores que me producía la hemorragia que estaba teniendo). Nada de miradas lentas de reconocimiento, de enamoramiento inmediato, de su olor contra mi olor. Félix fue el encargado de darle la bienvenida al mundo en un contacto piel con piel tardío, con un par de horas de retraso en las que ya le habían colado un biberón sin decir ni pío. No sería el último. Se supone que el hospital es amigo de la infancia y promueve la lactancia materna, pero cuando llamábamos en plena noche, alarmados, a la enfermera, y se llevaban a nuestra pequeña “para tranquilizarla”, trayéndola tiempo después frita como si la hubieran anestesiado, me preguntaba qué hacían… y sospecho, por sus silencios culpables cuando preguntaba cómo habían conseguido callarla, que alguna que otra “ayudita” fue la causa de su sueño profundo.
Nada de eso importó  para Leonor: cuando la pusieron en mi pecho, moviéndome como a un muñeco roto, se me olvidó el dolor. Ese fue el momento en que, de verdad, nos conocimos Leonor y yo. Ese es el instante maravilloso que recuerdo de mi parto; no una carita arrugada y enfadada, en un quirófano frío y con olor a sangre, sino aquel primer momento en que, con los ojitos cerrados de placer, como reconociendo su verdadero hogar, enganchó mi pecho olvidándose de tetinas y biberones y se puso a mamar tan campante. Dí un respingo que hizo que me dolieran los puntos: “¡duele!... No, espera… No duele. No exactamente… ¡Pero qué sensación más extraña!”
Leonor siguió  demostrando su sabiduría; en la siguiente toma, debió fijarse en lo molesta que me resultaba la vía en mi mano, así que, ¡manotazo que te crió, y fuera la vía! ¿Ves qué fácil, mamá? ¡Ya eres libre! Con esa manita recién nacida me estaba dando la primera, pero no la única lección de su corta vida. Lástima que mamá es un poco corta de entendederas y se cree demasiado lista para escuchar a un recién nacido que, como Leonor, se las sabe todas.
Una de las primeras noches, Leonor tuvo una crisis de llanto. Quizás echaba de menos su útero calentito y silencioso, o estaba asustada, o tenía gases… Qué sé yo; no soy un bebé sabio, como ella. Lo que sí sabía es que no se trataba de hambre: aquella mañana me había subido la leche, y mi pequeña había pasado 45 minutos mamando plácidamente, con la leche rebosando de sus labios. Incluso había sentido los entuertos. Estaba segura por completo de que no se trataba de hambre… pero eso fue lo que dijo, insistiendo, la enfermera del turno de noche, metiendo el dedo en su boquita y mostrándonos cómo lo chupaba (¿pero esta mujer no había oído hablar nunca del reflejo de succión?). Intimidada con la amenaza de que “no tenía leche” (“¡oiga, señora, que la he visto mientras mamaba, y he notado los entuertos!”) o de que “mi leche no alimentaba”, y, como yo no soy un bebé sabio, piqué, claro. A la mañana siguiente, llorando, expliqué mi experiencia a otra enfermera, que me consoló como lo haría una madre severa: “¿Cómo que no tienes leche? (rápido apretón en mi pecho, chorro de leche) ¡Pues claro que la tienes! (nuevo apretón, nuevo chorro de leche) ¿Cómo que no sale la leche? (tercer apretón, tercer chorro) ¡Tonterías! (otro apretón-chorro de leche)”. Otra de las enfermeras, que parecía mandar más que la de la noche, torció el gesto cuando vio el biberón vacío en mi mesilla de noche. Llorosa, le expliqué mi experiencia nocturna, y me animó y felicitó por mi empeño. Por su cara al salir de la habitación, me temo que alguien se iba a llevar una bronca. Sin embargo, esa misma noche otra enfermera volvió a insistir con el “esta niña lo que tiene es hambre”. ¡¡¡Noooo, señor!!! Ahora sí que no me timan más. Me negué en redondo a darle el biberón, y Félix, escarmentado por la noche anterior, aplaudió mi decisión. “Tú verás…”, comentó la enfermera, con gesto avinagrado. Pues eso. Yo veré. Esa fue la primera vez que tuve que sacar las uñas para defender mi lactancia… y una vez más, no sería la última. Menos mal que Leonor, mi niña sabia, tenía las cosas muy claritas.
Con un mes y medio, Leonor decidió que quería ser una niña delgadita, y además empezó a regurgitar con demasiada frecuencia. Un pediatra desaprensivo nos recetó leche de fórmula anti-regurgitación, que tendríamos que sustituir en una de cada dos tomas de pecho. Yo, que empezaba a aprender, vi peligrar mi lactancia… y acerté. Ni el sacaleches ni mi empeño consiguieron que bajara brutalmente mi producción de leche, de modo que cuando quise reaccionar y cambié de pediatra, y este puso a prueba a Leonor con cuatro días de lactancia materna exclusiva, el resultado fue nefasto: mi niña había adelgazado 40 gramos. Las palabras de ánimo del nuevo pediatra (“es poca pérdida, aún tienes leche, complementa las tomas con biberón y ¿quién sabe?”) no me consolaron, así que apreté los dientes y volví a sacar las uñas por mi lactancia. Y así fue como entró en nuestra vida Carmela Baeza, IBCLC, toda dulzura y cariño, que desde el principio me hizo intuir que salvaría la situación. Leonor, que es (¿lo he dicho ya?) un bebé muy sabio, lo supo enseguida, y en cada consulta le regalaba sus mejores sonrisas. Con Carmela fuimos pautando los suplementos, que poco a poco irían desapareciendo, a medida que aumentara mi producción, a base de ponerme a la niña al pecho.
…Y Leonor, que es una niña sabia, pilló el concepto inmediatamente. Si Carmela nos pautaba 480 mililitros de suplemento al día, ella tomaba nota y se superaba a sí misma, rechazando la mitad de ellos. Y si a la semana siguiente pautaba 240, ella sólo tomaba 120. En pocas semanas ganó peso, y rechazó todos los biberones de leche de fórmula. ¡A ella se la iban a dar con queso! Tomó sus biberones, pero no pareció confundida en absoluto en ningún momento, y siempre tuvo muy claro que “la teta es la teta”. Y eso que adora su chupete a la hora de irse a dormir…
Hoy, con casi 4 meses y medio, Leonor y yo seguimos con el pecho. Muy pronto me incorporaré al trabajo de nuevo. Será un momento difícil, pero confío en que mi niña sabia lo sepa gestionar, igual que lo ha hecho hasta ahora. Igual que, en las distintas crisis, me decía claramente: “mamá, no intentes engancharme otra vez, ¿no ves que ya he terminado? Soy muy lista y ya vacío un pecho en cinco minutos”. “Mamá, si regurgito, es porque tengo que hacerlo… ¿no ves que no necesito otra cosa que no sea tu leche?”. “Mamá, se está en la gloria enganchada en tu pecho, oyendo latir tu corazón… Esto no tiene ni punto de comparación con el bibe, ¿no ves la cara de satisfacción que tengo?”. “Mamá, mira mi sonrisa, mira mis muslitos y mis hoyuelos… ¿no ves que estoy bien, que tu leche, tu amor y el de papá, son mi alimento, que no necesito nada más? ¿No ves, mamá, que, pese a todos tus miedos, si te dejas guiar por mi, lo estás haciendo BIEN?”.
… Y esta es la historia, hasta ahora, de Leonor, mi niña sabia, que supo guiarme por la “Vía Láctea” hasta las estrellas, esas que aparecen en sus ojos cuando, prendida de mi pecho, me mira por entre sus pestañas rubias que, como flechitas de sol, se me clavan dulcemente en el pecho.

domingo, 17 de marzo de 2013

61º Relato: Lactancia y timidez son compatibles

Con ganas e imaginación se puede dar el pecho fuera de casa


Siempre he sido pudorosa. Y cuando digo siempre, me refiero a que a los 7 años ya no dejaba entrar a mi madre conmigo a los probadores de las tiendas e intentaba por todos los medios evitar que me vistiera o incluso me viera en ropa interior. Así que a la hora de dar el pecho a mi bebé, ya embarazada decidí una lactancia en privado, siendo el papá de mi hija Lucía el único que tuviera carné VIP (Very Important Padre) para compartir ese momento tan especial.

Mi madre se ofendió y, a pesar de haberlo explicado claramente muchas veces, aún hay familiares que pretenden que dé de mamar en mitad del restaurante o poniendo una silla de espaldas a ellos. Siempre me niego en rotundo por varios motivos: no sólo quedo lejos de miradas e indicaciones sino que, además, la niña y yo estamos más tranquilas, por no hablar de los hombres de la familia y otras personas no cercanas o desconocidas a las que les gustaría o no les importaría ver cómo una perra amamanta a sus cachorros, pero les incomoda en humanos.

Prefiero salirme al asiento trasero del coche, así estamos resguardadas y a nadie se le ocurre mirar ahí. O preguntar en el local si tienen alguna zona apartada donde pueda dar el pecho a mi hija. La mayoría me deja un saloncito que no está en uso, tienen un reservado o una planta vacía, y siempre se muestran muy amables. Así he podido disfrutar desde aniversarios, quedadas con amigos o reuniones familiares hasta comidas de empresa. 

Aunque mi hija tome leche materna exclusivamente y yo ni siquiera use sacaleches, no resulta tan difícil; sólo hay que tener ganas, imaginación y perder la timidez de preguntar en los sitios. Al fin y al cabo, amamantar es lo más natural del mundo, aunque yo prefiera hacerlo en privado.

Además del sofá de casa, al que yo llamo el centro de operaciones por ser el lugar más habitual, siempre hay una habitación vacía en casa de amigos y familiares que puedo utilizar. Explicando que incluso Lucía se distrae si no estamos a solas, todo el mundo lo comprende y no nos suelen interrumpir.

Así he probado otros sitios que nunca creí que iba a conocer. Desde la sala de lactancia de centros comerciales o grandes superficies (qué gran descubrimiento) hasta la zona de archivo y cuarto trastero de una oficina bancaria, en la que la directora -madre de 2 hijos- también me ofreció su propio despacho. 

Rodeada de cachibaches y piezas de recambio, también he estado feliz y tranquila en el almacén de la empresa en la que trabajo cuando he ido a visitarles. Otras veces he dado el pecho en mitad de una sesión de fisioterapia y durante otra de shiatsu para bebés. En la cocina de la clínica donde pasa consulta mi oftalmóloga.... En un despacho vacío de un bufete de abogados... En la parte trasera de un complejo de oficinas... En los soportales de la Casa de la Moneda... 

Mi último gran descubrimiento son los probadores de las tiendas, sobre todo si son grandes cadenas. Pasas desapercibida, en los más espaciosos cabe el cochecito y, si tras la toma se hace caca, puedes cambiar a tu bebé.

Incluso en una sala vacía de la clínica donde me hicieron una resonancia magnética. El último lugar, por ahora, ha sido una sala vacía del centro donde me hicieron una resonancia magnética. El más pintoresco, el lujoso reservado de una marisquería, decorado como el camarote del capitán de un barco.


Cada vez que encuentro un lugar donde aparentemente no podría dar el pecho en privado y al final sí puedo, me siento genial y siento que voy acumulando anécdotas que contarle a mi pequeña cuando sea grande. 

A pesar de mi pudor, también he dado de mamar en público. A veces no me ha quedado más remedio que un banco apartado cerca de la puerta del supermercado; a bordo del autobús en los asientos traseros; un bar en el que éramos los únicos clientes o en mitad de un parque. No voy a dejar que mi hija pase hambre, así que me he tapado con el abrigo o la manta del cochecito y listo. 

He amamantado a mi pequeña en las reuniones del grupo postparto, grupos de lactancia y crianza. Son lugares pecho friendly. Reconozco que allí mitad me resigno, mitad no me importa, porque estoy rodeada de mujeres que hacen lo mismo y no sienten curiosidad morbosa por lo que hago, como sí ocurre cuando estás con otras personas que no dan el pecho.

La crianza de un bebé es un tema del que todo el mundo, sepa o no, opina. Por eso, no me he podido alegrar más de mi decisión. Más allá de la vergüenza de enseñar el pecho, me he dado cuenta de que algunas lactancias se frustran porque con buena intención te dan malos consejos, algunos que entre sí son hasta contradictorios.

martes, 11 de diciembre de 2012

60º Relato: Nuestra lactancia es cosa de tres

Si algo tenía claro cuando estaba embarazada es que quería dar de mamar a mi hija. Cuando Carmen nació, por cesárea ya que tuvo un par de bradicardias graves, se la dieron a su papi y me esperaron en la habitación. En cuanto llegué la pusieron sobre mí para que nos conociéramos y pude sentir como mi hija reptaba hasta mi pecho. Carmen tenía un instinto de succión muy marcado y yo no tenía pezón. La enfermera mandó a mi marido a por unas pezoneras y me estuvo ayudando a saber colocar a la nena. En diez minutos que tardé en tener las pezoneras, mi hija me había destrozado el pecho y lo tenía lleno de hematomas. Esa fue mi rutina: hematomas, grietas, sangrados, hipersensibilidad… Unido a la lactancia a demanda en la que Carmen podía pedir cada media hora, engancharse una hora… mi vida era monotema: la teta. Pero lo que lo agravaba era el hecho de falta de comprensión de la gente que me rodeaba, porque la LM es maravillosa y no entendían que para mí fuera algo horrible. Eso sí, nunca estuve sola: mi marido me apoyó en todo momento, ayudándome, consolándome, dando ideas, pero sobre todo aceptando mis decisiones sin juzgarme. A los dos meses me planteé que no podía más con la teta, y pensé en dejarlo, pero algo hizo que mejorara de dolor y continué. A los cuatro meses, seguía con los mismos problemas: hematomas, destrozo del tejido interno de la mama por la succión de mi hija, dolores y pinchazos incluso en reposo…. ¡No! Ya no podía más, no había disfrutado ni un solo día de la lactancia con mi hija, para mí eso era una simple forma de alimentación y sufrimiento por lo que decidí que había llegado a su fin, no iba a sufrir más. Acudí a la matrona del centro de salud, me dijo que si yo quería seguir con la LM que lo volviera a intentar, me ayudó, me dijo como ponerla, qué evitar, como tratar bien el pecho…. Me dijo todo lo que ya sabía pero me dio algo que no había tenido hasta ese momento, el reconocimiento de que lo estaba haciendo bien y de que la LM era algo duro y yo no era un caso aislado. No puedo decir que disfrutara a partir de ese momento, pero dejé de sufrir, que ya era bastante. Me incorporé al trabajo y opté por extraerme la leche para continuar con la LM, así que, otro engorro. Poco a poco, empecé a sentirme cómoda y puedo decir que a partir de los nueve meses empecé a disfrutar de la LM. Ha día de hoy (tenemos ya casi dos años) seguimos teteando juntos (la nena, papá y mamá) y tengo claro que la dejaremos cuando los tres creamos que es el momento, eso sí, es maravilloso ver esa carita con ese brillo en los ojos cuando toca la hora de la teti o ver como mi hija le da la teti a sus muñecos cuando cree que tienen hambre. Yo, que he renegado de la LM ahora puedo decir que tenemos una LM satisfactoria, eso sí, no he olvidado el dolor y sufrimiento pasado, pero unidos, hemos conseguido que sea algo precioso y pase a ser nuestro momento, en el que la nena se relaja, mami la acuna desconectando de lo que nos rodea y papi se encarga de que todo nuestro alrededor esté acorde a nuestros necesidades, disfrutando del momento.

jueves, 22 de noviembre de 2012

59º Relato: Martín, mi campeón!

Hola mi nombre es Judit y soy mamá de dos hijos: David de 4 años y Martín de 8 meses y os voy a contar nuestra historia. David, es hijo biológico y lo amamanté durante 9 meses. Martín, es adoptado, y llegó a nuestras vidas cuando apenas tenía dos meses. Nunca me planteé darle de mamar, aunque sí que había oído en alguna ocasión que otras mujeres que no habían gestado a sus hijos lo habían conseguido. Todo empezó un lunes de marzo en una sesión de la escuela de padres a la que asistía junto a mi bebé. Ese día presenté a todo el grupo a mi peque, que acababa de llegar a la familia hacía tan solo 4 días. La psicóloga que llevaba los grupos de padres, Yolanda González, me preguntó si había pensado en darle de mamar e inducir la lactancia. Yo no me había informado sobre esta posibilidad ya que la noticia de la asignación y el encuentro fue de un día para otro. Y pensé que no era viable. Yolanda, en cambio me habló de otras mujeres con bebés adoptados que lo habían conseguido y sembró en mí la semilla la posibilidad y me dio la motivación para hacerlo. Lo más importante es que Martín no hubiera perdido el instinto de succión ya que había estado alimentándose con biberón desde que nació, y en ese momento tenia dos meses y una semana. Preguntó en el grupo quién se ofrecía para ponérselo al pecho y comprobarlo y antes de que hubiera terminado de decirlo, varias mamás levantaron su mano dispuestas a hacerlo. Cristina, amiga y compañera del grupo, se lo puso y Martín se agarro a su pecho y se puso a mamar como si lo hubiera hecho toda su vida. Fue un momento mágico. No me lo podía creer. Un escalofrío recorrió mi cuerpo y a la vez comencé a sudar. A varias de las personas que presenciamos ese momento se nos saltaron las lágrimas. Y yo al ver que era posible amamantar a mi bebé, ya me lo imagine en mi pecho y me invadió la emoción. Ese día comenzó nuestra aventura pero ahí no terminó la cosa pues alrededor de mi todo eran señales para que consiguiera mi objetivo. Al día siguiente, en la clase de yoga a la que asisto con otras mamás y sus bebés, acudió por primera vez una chica llamada Teresa a hacer una clase de prueba. Ella era IBCL (Consultora acreditada en lactancia materna) y al escuchar mi caso se ofreció a ayudarme. Todo me decía que tenía que intentarlo. Ya tenía a la persona de apoyo profesional y todo un grupo de amigas y madres para lo que hiciera falta. A la misma vez me llegaba el apoyo por diferentes vías todo nuestro alrededor se volcó en nosotros. Carmen Maria matrona de Benimament le dijo a Cristina mi amiga que fuera al taller de Betera ya que su matrona Lola tenía experiencia en relacctaciones y que me guiaría encantada en todo el proceso. Y a si fue, asistí junto a mis amigas, Conxin y Eva, al taller de lactancia de Bétera y allí, Lola su matrona, me dio todo el apoyo moral, profesional y todo lo que como persona me podía ofrecer. Me puse manos a la obra y seguí las indicaciones al pie de la letra. Me compre un relactador y empecé a darle los bibes a través de el y a estimularme con un sacaleches eléctrico doble cada 2-3 horas. También comencé con el tratamiento con galactogogos para estimular la subida de la leche. A los días aparecieron las primeras gotas de leche que fueron acompañadas de lágrimas de felicidad. Esa misma tarde pude compartir mi alegría con mis amigas Inma, Eva y Carolina que me estaban ofreciendo apoyo moral y compañía. Eso me dio mucha energía para poder seguir, ya que no estaba siendo fácil. Martín rechazaba el relactador y lloraba mucho durante las tomas. Yo tenía momentos de bajón en los que me planteaba si valía la pena lo que estaba haciendo pero con cada mensaje de apoyo y visitas que recibía de todas mis amigas, unido al apoyo profesional que estaba recibiendo, conseguían que me animara y no lo dejara. Yo estaba fuerte pero las necesitaba. Recibí el calor de una muy buena amiga y profesional, Eva, que con su técnica de sanación y equilibrio energético Sat Nam Rasayan, me aclaró que camino debía seguir. Todo fue mágico. Ese mismo día Martín se engancho al pecho de una manera plácida y tranquila y comenzó a mamar. ¡Qué emoción y felicidad! Nosotros seguíamos asistiendo a los talleres de Bétera junto con Carolina y Vega para coger energía de esa manada de madres empoderadas y que te nutren con toda su sabiduría. Me ayudo mucho el relajarme y estar con mi peque piel con piel y día a día, cada paso era un logro y una motivación para continuar. Hay algo que también guardo en mi corazón de una manera especial de ese tiempo. Durante cuatro meses, Empar, una mama de Volem Creixer, fue madre de leche de mi hijo. Ella acababa de dar a luz a Marcel y me ofreció poder compartir su lactancia con mi peque. Eso es un regalo que se lo agradeceré toda mi vida. Dar de mamar es el mejor regalo que mi bebe y yo nos hemos podido hacer para que se pudiera crear el vinculo entre él y yo. Esa unión entre una madre y un hijo que solo nosotras sabemos cuando existe a través de sus miradas y sus caricias. Hoy en día estamos con lactancia mixta y Martín mama en cada toma y cuando le apetece pide el pecho para dormirse y calmarse. Verdaderamente es lo más precioso que nos ha podido pasar. Agradezco todos los días la felicidad recibida. Gracias de corazón A mi campeón, mi hijo, mi guía, mi maestro. A ti Martín. A mi marido Oscar y mi hijo David A Yolanda, Teresa, Lola y a las mamas del taller de lactancia Les Alfabegues. Y muy especialmente a mis chicas de Volem Creixer y a Conxin. Sin todos vosotros no lo habríamos conseguido. Martín y Judit

lunes, 1 de octubre de 2012

58º Relato: Hasta que ya no quieras más

Casi dos meses en el hospital, de reposo, esperando, deseando, intentando que aguantases en mi vientre lo máximo posible, y aún así llegaste antes de tiempo, con prisa, de 34 semanas y un parto exprés....Tan rápido que no te dejaron en mi pecho nada más nacer -prematuro, a incubadora-, tardé en volver a verte horas que se hicieron eternas...Me quitaron una parte de mí sin más explicaciones. Doy las gracias a una enfermera que me llevó a la sala de lactancia y me enseñó a usar el sacaleches. Gracias a él pude darte calostro, aunque fue con una sonda. Tu padre cuidó de ti, te acompañó hasta que no le dejaron hacerlo más, pendiente de tí, pendiente de mí, arriba y abajo en las plantas del hospital. Tus dos primeros días de vida los tengo un poco borrosos, no sé cómo llegué a verte, no sé cuándo fue la primera vez que te puse a mi pecho, pero sí recuerdo aquella hermosa sensación de darte lo mejor de mí. Sé que antes de mi pecho ya te habían dado leche artificial con una sonda y más tarde, incluso cuando te dábamos de comer cada tres horas (“dale primero el biberón, tiene que coger peso”). Estuviste allí nueve días y allí tomaste un montón de biberones, la mayoría de ellos de mi leche, pero al llegar a casa, teta, teta y nada más que teta. Tuvimos dificultades, dos mastitis, infecciones, la vuelta al trabajo, también mucha ayuda -tus tíos y abuelos, tu prima Carmela, amigos, las Madres de la Leche y más...-, pero aún hoy me parece casi milagroso que ya tengas casi 11 meses y hayamos llegado hasta aquí y sigamos. Y seguiremos hasta que ya no quieras más.

lunes, 3 de septiembre de 2012

57º Relato: Cuando Iris nació

Cuando Iris nació, tenía bastante público esperándola. Mi pareja estuvo junto a mí en el parto, y en la sala de espera estaban mi madre, mi suegra y mi cuñada. Nada más nacer la pusieron sobre mí, mientras yo expulsaba la placenta y recogían, y antes de irse un matrona (no está mal escrito, era hombre) comprobó que yo tenía calostro y ayudó a mi niña a cogerse al pecho. Nos dejaron a los 3 solos bastante tiempo, creo que unas 2 horas. Luego a la habitación y a conocer a la familia. Más tarde mi madre me comentó que mi suegra le había propuesto pedir un biberón a las enfermeras para dárselo a la niña. Por suerte mi madre ya conocía mis intenciones de lactancia materna exclusiva. Además de que el Hospital Costa del Sol tiene el reconocimiento de IHAN, y confío en que se lo hubieran negado. Ya en casa Iris lloró los 3 primeros días, hasta que me subió la leche y se me pusieron los pechos como balones. Justo ese día teníamos matrona para la prueba del talón. Me recomendó sacarme un poco de leche, porque estaban demasiado llenos, y me corrigió la postura. Y salvo algo de escozor los primeros días (supongo que por la sensibilidad de los pezones) que solucioné con Purelan, todo perfecto. Mi madre se quedó las primeras semanas con nosotros, y si os lleváis bien con vuestra madre os lo recomiendo. Me hacía las comidas, limpiaba, y me acompañó a la primera reunión del grupo de lactancia. Salió de allí más convencida que yo de lo buena que es la teta, ella que sólo pudo darnos 3 meses de pecho por las presiones de su época (cuando llorábamos mis hermanos y yo le decían que era hambre, y empezó con los biberones pensando que su leche no bastaba). La peor parte vino pasando unos días en el pueblo de mi novio. Comentarios de mi suegra: - Si la niña lloraba: “Esa niña llora porque no come bien.” Claro, seguro que no es porque quiere estar con su madre, porque tiene sueño, porque se ha hecho caca… - Si la niña movía la boca y la lengua y yo decía que le iba a poner la teta: “Esa niña lo que quiere es un chupete.” Claro, los seres humanos nacen con la necesidad de tener un trozo de goma en la boca, no la teta de su madre. - Si estábamos de paseo por el pueblo y la niña quería teta: “¿Aquí te vas a sacar la teta?” Aquí y donde haga falta, o explícale tú a un bebé de un mes que se aguante el hambre hasta volver a casa. Que además si alguien va a mirarme para ver una teta más le vale buscar páginas guarras por internet, porque con el sujetador de lactancia no se ve nada. Con 4 meses empezó la guardería, yo iba en mi hora de lactancia y aparte me sacaba leche para la siguiente toma, pedí reducción de jornada y paso todas las tardes con ella. Y el tiempo ha ido pasando, ahora Iris tiene casi 8 meses, empieza a probar comidas pero sigue prefiriendo la teta de mamá, de hecho su primera palabra hace unas semanas fue “teta”. Y mi suegra ve a su nieta tan bien, tan sana, sonriente y feliz que ya no se entromete en nuestra forma de criarla, y ahora echo de menos un poquito aquellas “peleas” suegra-nuera… Y a todo el que me dice que hasta cuándo le voy a dar el pecho le respondo que hasta que tenga 7 años. Así tengo otro ratito de pelea. PD: Tengo leche congelada porque me saco más de la que Iris necesita, he dejado mensajes en varias webs, y aprovecho a comentarlo también aquí. Si alguien necesita leche materna, que se ponga en contacto conmigo a través de Besos y Brazos.

viernes, 31 de agosto de 2012

56º Relato: La teta y Martina

Martina cumplirá 9 meses la semana que viene, hace 3 meses de mi reincorporación al trabajo y QUIERO DAR LAS GRACIAS a todos esos angelitos de la guarda que nos han estado asesorando y apoyando a lo largo de este camino. Martina, Juan Carlos, Silvana, Rocío, Alba, Carmen Gloria, Silvia y Mónica, Paloma, Vanesa, Virginia, Juan Miguel y todo su equipo. Cuando hablo de lactancia siempre digo que hemos tenido mucha suerte porque hemos tenido acceso a información y apoyo desde el principio, creo que esas son las claves del éxito. Resulta muy triste ver a mujeres abandonar la lactancia por falta de información, mujeres que te cuentan que no han podido porque "no tenían leche" o "su leche no alimentaba" o "tenía que reincorporarme al trabajo". Mujeres que simplemente no lo intentan porque imaginan que es una experiencia dura y no van a ser capaces. Lo veo día tras día en mujeres que quieren pero creen que no pueden. Tuve un parto difícil que acabó en cesárea, tardé más de 6 horas en conocer a mi bebé, 6 horas de susto y miedo en las que no paré de llorar. Cuando me la dieron ya había tomado biberones, le costaba engancharse y succionar, además yo estaba recién operada y no me podía mover para facilitar las cosas. Entonces cerré los ojos y recordé a Silvia, la profesora de lactancia que tuvimos en Más Natural "no os preocupéis, TODAS podéis" "tanto vosotras como los bebés estáis aprendiendo, tened paciencia". Martina se desesperaba mucho y lloraba, yo me ponía nerviosa, pero siempre le repetía lo mismo, mi niña, estamos aprendiendo, tú chupa que yo te prometo que de ahí va a salir leche. Estas palabras nos tranquilizaban, y no sólo eso sino que resultaron ser totalmente ciertas. Superado el primer miedo: a no "tener leche" y a "no poder hacerlo" aparecieron las temidas grietas en los pezones al segundo día de dar a luz, entonces nuestro segundo ángel de la guarda se reencarnó en Silvana, amiga de la infancia y madre de tres hijos. Ella no pudo dar el pecho a su primer hijo por culpa de las grietas, pero de esa mala experiencia aprendió para los siguientes hijos y de paso para ayudarme a mí. Apareció en la habitación del hospital, muy preocupada con un bote de Purelan en la mano. Me ayudó a encontrar la postura adecuada, me enseñó a estimular a Martina cuando no era capaz de engancharse dos minutos sin quedarse dormida, con mucho amor y mucho cariño nos dio las claves para comenzar con buen pie la que iba a ser una historia maravillosa de lactancia. Así fuimos creciendo juntos como familia los tres, Martina, Juan Carlos y yo. Dormíamos muy poco, se me juntaba una toma con otra, Juan Carlos se hizo experto en sacarle los gases después de las tomas y prepararme la comida para poder recuperar fuerzas, las hormonas hicieron su papel manteniéndome despierta cuando físicamente parecía que no podía más. Buscamos ayuda, fuimos a un curso de posparto en Más Natural y aprendimos y disfrutamos de cada segundo. En las clases de pos-parto tuvimos otro ángel de profesora, Carmen Gloria, fue (y es) maestra, matrona y amiga. Convirtió las clases en una reunión de amigas, quedábamos a comer todos los jueves compartiendo experiencias y acompañándonos, criando a nuestros bebés en compañía, en comunidad. Eran tardes mágicas, una increíble forma de disfrutar de la baja por maternidad. Y llegaron los cólicos y las noches sin dormir, y descubrimos el poder de la homeopatía, la magia de la teta, del piel con piel y la marsupi de Alba. Siguiendo las recomendaciones del hospital y de nuestra pediatra manteníamos una alimentación con horarios, cada tres horas, nos metieron miedo en el cuerpo hablándonos de hipoglucemias ... hasta que apareció de nuevo un ángel de la guarda llamado Rocío, otra amiga de la infancia, madre de dos niñas y enfermera de neonatos en Italia. Ella fue quien me convenció definitivamente de la teta a demanda y fue una verdadera liberación tanto para Martina como para mí. A los cuatro meses la pediatra de la seguridad social nos recomendó la introducción de los cereales, y a las dos semanas la introducción del gluten!!! Aquí fue fundamental la aparición de un nuevo ángel de la guarda, Paloma Montón, de la Cocinita de Chamberí. Ella nos tranquilizó, nos animó a esperar para introducir alimentos y nos proporcionó información sobre este tema. Y llegó el momento de mi reincorporación al trabajo, intentando que esto no afectara mucho a nuestra lactancia asistí a una reunión de multilacta con Vanesa Ibarrola, de nuevo un ángel de la guarda que nos ha venido acompañando estos meses. Vanesa nos habló del colecho, de la extracción de leche en la oficina y nos dejó su contacto para cualquier duda. Lo mejor de esta etapa fue el colecho y la lactancia, al llegar a casa, después de 8 horas fuera lo primero que hacía era ponerme a Martina al pecho y sentía que recuperaba, en pocos minutos todo el tiempo que pasaba fuera. El colecho también ayudó mucho en este sentido. Parece raro pero a los 7 meses apareció una mastitis, por lo visto pudo ser por las bacterias que tenía Martina en la boca a causa de la aparición de los primeros dientes. Fue entonces cuando otro ángel de la guarda hizo de las suyas, Juan Miguel Rodríguez y sus maravillosos probióticos. Pero llegó un punto donde realmente vi peligrar de verdad la lactancia, los MORDISCOS. De nuevo gracias a los consejos de todas las madres (Rocío, Mar, Vanesa Ibarrola, Paloma Montón, Flora la mamá del parque, las mamás de la piscina...) por contarme vuestras experiencias y darme paciencia y confianza para explicarle a Martina que eso NO se hace, creo que fue un poco más persistente que todos vuestros hijos juntos, pero al final lo conseguimos. La semana pasada, con 8 meses empezamos la guardería y no ha tardado mucho en coger un virus, ha estado unos días con gastroenteritis, vomitando y con diarrea sin querer comer NADA ni beber suero ni nada. Bendita teta que sí quería, lo tranquila que puede estar cualquier madre así sabiendo que todas las necesidades de hidratación y nutricionales están cubiertas, Gracias Virginia Ruiperez por todo lo que nos has enseñado, de nuevo la información ha sido fuente de tranquilidad. Dar el pecho es una decisión muy personal, si escogéis este camino os animo a buscar y encontrar a vuestros ángeles de la guarda, no tenéis más que pedir ayuda y mirar a vuestro alrededor. ¡¡¡Feliz lactancia a todas las familias!!! ... unos meses después, Martina ha cumplido un año y mantenemos la lactancia. Ahora todo es muchísimo más fácil: mi cuerpo está adaptado y Martina come de todo y le basta con tenerme cerca para tener sus necesidades cubiertas en todo momento. Que se nos echa encima la hora de comer y nos pilla en la calle, pues una galleta y un poco de teta y ya no tenemos prisa por prepararle la comida. Que estamos en el parque y se da un buen golpe, pues un poco de teta y nos olvidamos del disgusto en el momento. Que le molesta la boca porque le están saliendo los dientes, pues teta teta y más teta que le cura todos los dolores y nos podemos olvidar del famoso apiretal. Parece mentira que cuanto más fácil y más bonita se va haciendo la lactancia nos topamos con bastante incomprensión social y opiniones indiscretas. Parece que a la gente le afecta en algo que mi hija y yo nos sintamos felices con esta situación y deseemos alargar la lactancia lo que se nos antoje. Ante la pregunta ¿hasta cuánto piensas seguir con la lactancia? siempre sonrío y contesto que no sé, ya iremos viendo... aunque en algunas ocasiones me encantaría contestar un ¡y a ti que te importa!

viernes, 6 de julio de 2012

55º Relato: Barra Libre

Cas nació en el Montepríncipe, donde polulaban ineptos, apresurados y maliciosos. Yo, como buena niñita obediente, me callé, pujé cuando me dijeron, y esperé a que viniera la enfermera a enseñarme a dar de mamar, porque eso me había dicho. ¿Y quién era yo para sentir distinto? Lucas, ni bien lo dejaron de protocolear en el paritorio y se dignaron a dármelo, envuelto en una rígida tela verde, empezó a buscar el pecho. Pero yo estaba tumbada, en una camilla en el medio del pasillo, y no quería que me retaran por sacar teta en un lugar tan pulcro. ¿Y si encima lo hacía mal? Cuando vino la enfermera me manoseó un poco, movió la cabeza de Lucas como si no fuera parte de un cuerpo, me dijo que necesitaba pezoneras y se fue. Por suerte, lo único que necesitaba Cas era acceso. Él solito supo hacer todo el resto. Por más suerte aún, en la clase de preparación al parto nos habían explicado que después de cada toma había que lavar los pezones, secar con gasita y ponernos Purelán. Con lo cual, cada toma requería un sinfín de trámites destinados a nada.Pero, nuevamente, Lucas, en su infinita sabiduría, persistió. Me disculpó esas pequeñas pavadas, al igual que cuando quería pecho de noche y yo prendía la luz, me sentaba en la cama, le cambiaba el pañal, le daba del otro lado, le quitaba los gases y lo dejaba en su cunita. Estaba al lado de nuestra cama, pero me dolía dejarlo como si estuviera en otro hemisferio. Pero cada vez que lo veía en la cuna mi vieja me felicitaba, que descanso para vos, no?, que independencia, que bueno que se acostumbre a estar tranquilo. Yo, chiquita educada, quería muchas estrellitas doradas, así que a la cuna iba mi hijo. Poco a poco Cas nos fue mostrando que dar el pecho tumbada, dormida y abrazados es tan lindo... que en la camita los tres estamos tan calentitos. De a poco, fuimos aprendiendo a escucharlo. Al año vino el destete. Una amiga mía tenía a su madre de visita: Ya te toca destetarlo, no? Mi hija le dio hasta el año, y Lucas ya tiene casi un añito, no, nena? (Y a mí qué carajo me importa lo que hizo tu hija!?). Pero igual, ante el mandato social, destetamos. Fue lento y con amor, y la verdad, yo quería sentarme solita en la terraza de nuestro piso, fumarme un cigarrillo, tomar una cerveza y vivir la vida loca. Era una libertad ansiosa, pero la necesité. Cuando nació Gaspichus, se encontró con una mamá y un papá más formaditos. Tiene dos años y sigue tomando pecho con tanto placer, que no me imagino cuándo lo dejará. Soy experta tetaedora: le he dado pecho en el fular mientras jugaba al fútbol con Lucas, en esos primeros meses cuando tener dos hijos era un reto de supervivencia diario. Le he dado pecho metidito en la Ergo, en la aerosilla, subiendo a la nieve para que Lucas y supapá se tiraran de culopatín. Gaspichus habla por teléfono con su abuela, quien también ha sabido aprender mucho, mientras toma pecho. Cuando tuve una infección, me quité Bactrobán con una servilleta del bar y le dí pecho. A su primita le pareció una idea genial, así que le trajo otra servilleta a su mamá, que no tenía Bactrobán pero para ver si de espabilaba un poco y también sacaba teta. Sacó. Las hermanas ahí lactando hasta que ellos se aburrieron y siguieron trepando y corriendo. Cuando Lucas se lastima, un chorrito de leche lo cura todo. El otro día se golpeó el labio, y al probar la leche le pareció tan dulce que quería más. Pero como ya se le ha ido el instinto de succión (tiene 4 años y no toma desde el año, pero me dió una penita comprobarlo!!) se trajo un vaso. Y otro para el hermano. Apretaban y sacaban un buen chorro, y a carcajadas se lo tomaban de sus vasitos. Gaspichus, ¿te sirvo? dijo Cas, como si yo fuera un barril. En vez de cerveza, leche.

jueves, 5 de julio de 2012

54º Relato: El Regalo Mas Grande

El 26 de Abril del 2011 nació mi segundo hijo, Marc. Tras un embarazo preparándome para un parto natural, a las 37 semanas decidió ver el mundo, llegaba con la cabecita de lado, y me practicaron una cesárea de urgencia. Después de separarnos dos largas horas pude abrazarlo, besarlo... Y lo más importante... acercarlo a mi pecho. Estaba dormido, en el regazo de su papa, pero al acercarlo a mi siguió su instinto, acercó su cabecita y abrió la boca. Ahí empezó nuestro gran viaje, la lactancia materna... La vuelta a casa fue más fácil de lo que pensamos. Marc se cogía cada día mejor, sin grietas, sin dolores. Le dí a demanda desde el primer día, a los 6 meses le introducimos la alimentación complementaria, pero siempre primero su tetita. A los 5 meses volví al trabajo, y nada me impidió seguir amamantando a mi niño. Y así seguimos, con casi 14 meses. Primero la teti, luego la comida. Come de todo, se pasa la noche mamando, duerme en nuestra camita, y espero q así sea durante mucho más tiempo... He de decir que nunca había imaginado llegar tan lejos con las lactancias de mis hijos. Mi niña se destetó con 25 meses, y el mismo camino deseo y espero que siga su hermano.... Gracias mis niños, por dejarme daros el regalo mas grande.

viernes, 22 de junio de 2012

53º Relato: Demasiada Leche

Durante mi embarazo siempre pensé en que iba dar de mamar a mi bebe, sin embargo no era un tema que me preocupara mucho, en el curso de preparación nos habían dicho que mientras colocaras a bebe en una posición adecuada no tiene porque doler, y pensé va ser fácil, y no fue así para nada!!! Desde la primera hora de nacimiento la coloque en mi pecho, y lo agarro perfectamente, según la enfermera tenía suficiente calostro y durante la primera noche en el hospital, paso comiendo a cada rato, ya el primer día yo sentía un ardor en mi pezón que pensé que era normal, al tiempo me di cuenta que no era normal , la lactancia no tiene porque doler ,y ahí empezó mi calvario; mis pezones estaban agrietados, el dolor era insoportable y mi bebe comía cada 3 horas como un relojito puntual y yo no quería ni que se despertara , solo pensar que se acercaba la hora de comer, se me salían las lagrima, el dolor era insoportable y por más que intentaba cambiar de posición el dolor no desaparecía, cada vez que la ponía al pecho, yo lloraba desesperada del dolor. Amigas y vecinas me decía que ese dolor duraba solo 2 o 3 semanas pero mis pezones no mejoraban, y además me sucedía que mi bebe pegada al pecho y de pronto se tiraba para atrás y se ponía muy brava, y más me lastimaba, yo intentaba ponerla de nuevo al pecho pero ella está muy enojada... yo no entendía por qué, si sería que no le gustaba mi leche o algo le dolía? Al mes de nacida mi bebe como mis pezones no mejoraban, me recomendaron ir donde una asesora de lactancia, me enseno varias técnicas y descubrió que yo tenía reflejo de la salida de leche hiperactivo, por eso mi bebe se tiraba para atrás, no le gustaba que la leche le saliera con tanta presión y en cantidades tan grandes. Además el frio del clima hacia que me dolieran mas y me daban fiebres, posiblemente tenía una candiasis y por eso no sanaba. Lo seguimos intentando con las nuevas técnicas, la que mejor me funcionaba era la de yo acostaba boca arriba con mi bebe encima, así por la gravedad la leche no saldría disparada, pero no mejorábamos. Empecé a pensar si suspender la lactancia, y hablaba con mi esposo si mejor le dábamos formula, así no me lastimaba y así ella no tenia porque enojarse y comería tranquila, pero me daba lástima porque yo producía mucha leche y quería que mi bebe aprovechara eso. En fin, así pase 2 meses enteros en que cada vez que daba pecho a mi bebe, me quería morir de dolor. Cuando el dolor en mi pezones empezó a mejorar, aun tenía el problema del reflejo hiperactivo de la leche, la bebe se enojaba mucho porque le salía mucha leche y entonces hacia huelgas de hambre, y por varias horas no quería comer más. Ella se separaba de la teta y me quedaba el chorro y mojaba de leche todo lo que estaba a mi alrededor: toda mi ropa, cama, sillones estaban llenos de leche. Yo me estaba cansando del dolor, de los berrinches de mi bebe y de los regueros de leche por todas partes, pero quería que mi bebe disfrutara de la lactancia con lo que seguía insistiendo. Me decían que ella se acostumbraría a tragar así, y que entre más grande iba a poder comer mejor, pero no, mi pobre bebe cada vez que quería comer eran unos nos berrinches porque no podía con tanta de leche. Ella no disfrutaba sus momentos con la teta. Entonces se me ocurrió usar el sacaleches, y sacarme la leche hasta de que viniera la bajada de leche y una vez que pasaba el chorro ya ponía mi bebe a la teta y comía tranquilamente, sin atragantamientos ni interrupciones. Así es que seguí haciendo eso… cada vez que mi bebe comía, debía antes sacarme la leche para evitarle molestias, esa leche que me sacaba se la regalaba a una bebe que la mama no le dio el pecho. Todos me decían porque se complica, dale el chupón, pero yo me acostumbre a este modo de vida. Hoy mi bebe tiene 8 meses y seguimos disfrutando de la lactancia, aun tengo que sacarme la leche antes para no molestarla con la presión de leche, orgullosamente puedo decir que nunca ha tomado formula. Hace un mes, regresé al trabajo y me saco leche para que le den durante el día, antes de irme para el trabajo come teta, y cuando regreso del trabajo también, y los fines de semana come a libre demanda. Es una bebe sana y feliz. Con lo que me ha costado llegar hasta aquí, espero seguir dándole por muchos meses más :D.

martes, 19 de junio de 2012

52º Relato: Esperanza

Y aquí estoy en la sala de neonatos con Albar, mi pequeño bebé. Sobre mi pecho, piel con piel noto su respiración rápida y delicada. Su carita relajada me da un poco de tranquilidad… En mi pensamiento se agolpan imágenes de lo sucedido semanas atrás y una lluvia de razones, explicaciones y justificaciones, las acompañan. Me pierdo. Nada me vale, nada me sirve. Todo me turba, todo me espanta. La impotencia, la rabia, la culpa, la frustración me invaden. Como abriéndose camino en la oscuridad, una sensación poderosa surge de mis entrañas: la Esperanza de que mi niño despierte y busque mi pezón. Esos segundos en los que con su limitada fuerza engancha instintivamente la teta y mama apenas 3 ó 4 veces, son un auténtico regalo del Cielo. Hasta que la hazaña se repite, con mi nuevo acompañante, el Sacaleches, hago una lactancia diferente: empeño, paciencia, perseverancia, esmero y bonitas visualizaciones para energetizar la leche y el cuerpecito de mi pequeño y todas sus funciones. ¡Qué distinto fue con Nicolás!: nació, cogió la teta y hasta hace algunos meses no la soltó. Bueno, para alguna interferencia que surgió, las Madres de la Leche con su saber, su experiencia, su falta de prejuicios, su dedicación y su delicadeza me dieron el apoyo y la confianza que necesité. Y ahora están ahí, desde antes de nacer Albar. ¿Cómo puedo agradecer tanto? Poco a poco vamos ganando peso y consiguiendo pequeñas metas: más leche por boca, menos por sonda, menos pitidos del monitor, paso de la incubadora a la cunita En este camino extenuante, cuando del personal sanitario me llega un comentario simpático a favor de la teta, en ese momento, esa persona, es mi mejor amiga. ¡Cuánto tiempo con el corazón roto!: de día por no estar con Nicolás, de noche por no tener a Albar. El resto de mi cuerpo va sanando sus heridas, mis mamas van adquiriendo turgencia. “Mi talismán es mi Esencia” Y entre el maremágnum de vivencias y sentimientos, el gran deseo familiar: llegar a casa, dormir los cuatro juntos… y Querernos. Nicolás ya ha prestado generosamente la leche de “sus tetas” a su hermanito chiquitín. Pronto, se las brindará íntegramente, o al menos una de ellas, o quizás las compartan. Paco, el “papá de los papases”: mi amparo, mi sustento, mi protección, mi amor. Gracias, gracias, gracias y más gracias.

martes, 5 de junio de 2012

51º Relato: Animo a la Lactancia Prolongada

Tengo dos hijas, la mayor que ahora tiene 13 años, tomó pecho sin ningún problema hasta los 2,5 años aproximadamente que lo quiso dejar ella voluntariamente. Lo de aproximadamente es porque lo dejaba algún día, luego ante cualquier dificultad se re-enganchaba... fue un destete progresivo. A mí me dio mucha penita dejarlo. Ella lo decidió. Mi hija pequeña, que tiene casi 8 años, sigue enganchándose al pecho. NO tengo leche desde los 4 años y algún mes, pero nunca lo ha dejado. Le encanta ese ratito suyo a solas conmigo. Que quiere "mititos" como decía de más pequeña, pues se agarraba a su teta, que tiene miedo por la noche, pues también, que no se puede dormir, pues es cuestión de segundos, se relaja de tal forma que cae como si le hubiera inyectado un valium, que yo volvía tarde del trabajo y ella se despertaba una hora antes de la máxima que yo podía dormir, un momento de teta y me dejaba dormir esa hora necesaria. ¿Comodidad? pues sí, en un viaje largo, esperando mucho rato a una cola para hacer gestiones... Es independiente a tope, pero su teta es sagrada. No tiene de momento intención de dejar su teta. Tuvo una larga temporada que sólo quería en la intimidad, pero ahora le gusta que la vean, está segura de que lo que hace no es malo, las dos estamos de acuerdo... En el cole hace difusión de lo buena que es la lactancia materna, y he tenido que ir a explicárselo a los profes en más de una ocasión. Lo niños vienen todos chulitos diciéndome ¿a que no es verdad? y cuando les digo que si... se quedan callados y boquiabiertos. Pero reflexionan y seguro que se lo van diciendo a sus madres. La pregunta más habitual ¿Hasta cuándo? Pues como a mí no me importa... otra vez, hasta que ella lo decida. Es igual de placentero que unas caricias, y mi hija NO TIENE NINGUNA TARA ni está enganchada a mí. Todo lo contrario, es una niña muy segura e independiente para su edad, incluso más que su hermana, pero sabe que me tiene, (siempre que se pueda) a su disposición. No hacemos daño a nadie, ya cambiará. Todo son etapas!! Animo a quien tenga dudas si lo está haciendo mal. Si el niño quiere y la madre no tiene inconveniente... ¿por qué dejarlo? Bastante tiempo estamos separados por el cole, trabajo... Sí que he dudado a veces si necesitaría consultarlo con algún psicólogo, pero no creo que tengamos ningún problema. Estáis de acuerdo conmigo?

viernes, 1 de junio de 2012

50º Relato: Lactancia a prueba

Hola, me gustaría contar mi historia de lactancia, desde un primer momento pensé y me concentré en que así fuese.. daría a mi bebito exclusiva lactancia materna. Trabajo en el área de la salud (instrumentista quirúrgica), no tenía grandes conocimientos del tema, sin embargo, comencé a leer como loca al respecto. Si bien es cierto mi hijo nació por cesárea, me habría gustado parto normal, de hecho me prepare con yoga prenatal, pero nunca él se acomodo... Sentí mucha pena al no poder concretar esta idea, más aún, me empeñe el doble en el apego temprano para incentivar el tema de la lactancia y así fue, pues a su nacimiento lo pusieron directo a mi pecho, donde claro, no salía nada, pero él con su boquita tuvo el primer contacto con la que sería su "tetita" por mucho tiempo.... Así pasaron los días y él tomaba sin reparo alguno, pero un mal día cuando Joaco tenía unos 20 días, se me produjo una irritación tremenda en ambos senos y pensé : "esto ha de ser una prueba, si la pasamos Joaco tomará su tetita por mucho tiempo" y le daba con un calcetín en la mano o un paño para apretar, ya que el dolor que sentía era tremendo. Esto duró tres días y es bastante común que suceda, pero hasta los días de hoy sigo pensando que es una prueba y que solo el amor y la convicción de la madre te harán superarla. Hoy mi bebito tiene ya 5 meses y 13 días, es un bebé muy sano y grande. Ahora estoy un poco triste ya que en dos días comienzo a trabajar, pero estoy preparando una cajita con sacaleches para llevar al trabajo y tengo varios biberones en la nevera para que papá le dé en mi ausencia. Esta es nuestra linda historia, un abrazo!!

domingo, 27 de mayo de 2012

49º Relato: Con Hipotiroidismo y Diabetes


Bueno os voy a contar como fue mi comienzo de lactancia...
Me presento, soy Sara, diabética e hipotiroidea, ante, todo dar las gracias a mis tíos, si no fuera por ellos no creo que siguiera dando el pecho a mi pequeña (llevamos 10 meses y los que nos quedan). 
Dicen que a las diabéticas les cuesta tener la "subida" de leche, en mi caso fue todo lo contrario. Me da rabia que en el hospital no te asesoren ni ayuden a dar el pecho, vuelvo a repetir que si no están mis tíos... 
Bueno el mismo día que me dieron el alta, me dio una mega subida de leche y yo no sabía que me pasaba, tenía los pechos muy duros y a medida que pasaba el tiempo iba a peor. 
Cuando llegamos a casa, me puse a mi pequeña al pecho, tenía hambre, pero no podía comer. Se quedó dormida de agotamiento y nos fuimos a la parcela a pasar el fin de semana. 
Intenté dar de comer a mi pequeña y ella lo intentaba pero no podía, entonces llamé a mis tíos y les conté lo que pasaba, vinieron a verme y el problema era que tenía tal subida que mi pequeña no podía comer porque la areola estaba tan tensa que no podía engancharse. 
Inmediatamente se bajaron mi tío y mi suegra a la farmacia a por un sacaleches, porque intentamos sacar mediante ordeño pero fue imposible. 
Mientras me traían el sacaleches, mi tía me ponía paños calientes en los pechos (alivian bastante). Me daba mucho miedo que mi pequeña se acostumbrara a los biberones, sólo tenía tres días de vida, pero claro, tenía que comer, llevaba más de 7 horas sin comer. 
Estuve un día y medio sacándome leche hasta que conseguí vaciar los dos pechos bien y pude poner a mi pequeña a la teta. Lo pasé fatal pero merece la pena. 
Después de esa malísima experiencia, hubo otra que de no ser por mi cabezonería ,nos podría haber costado la lactancia.... Os cuento, a mi pequeña le costaba mucho dormirse sola, pero al ser madre primeriza esas cosas no las sabes, yo estaba encabezonada con que mi pequeña lloraba de hambre (y era de sueño)...
Estando un día unos amigos en casa, la nena se puso a llorar e inmediatamente la puse a la teta y no se enganchaba porque lo que quería era dormir, pero todos pensábamos que tenía hambre... La solución para la gente era darle un bibe y no quise (menos mal). Por la noche, llamé a mi tío y me dijo que me relajara, que me tumbara en la cama con mi pequeña entre los pechos que ella se pondría a comer... al rato se puso a comer y se durmió. 
En ese momento nos dimos cuenta que lo que la pasaba era que no se sabía dormir sola, había que acunarla en brazos. Después de eso, la dormía en brazos y a la teta (me usa de chupete). 
Por último, decir que la lactancia es algo hermoso, único, creas un vínculo muy especial, pero es muy complicada y más aún cuando la gente de tu alrededor te lo pone difícil ya que a mí me han llegado a decir que es más cómodo sacarse la leche y dar el bibe que darle el pecho directamente... Tiene tela!!!!

miércoles, 16 de mayo de 2012

48º Relato: Querer es Poder

Desde siempre he sabido que si tenía un hijo le iba a dar de mamar, me parecía lo más natural y pensaba, que al volver a trabajar a los 4 meses le quitaría la teta, ya que imaginaba imposible al estar tanto tiempo fuera de casa continuar con la lactancia. El 18 de abril de 2011 nació Aarón, fue el día más feliz de mi vida, cuando me lo pusieron encima y vi su carita no pude evitar las lágrimas. Enseguida nos subieron juntos a la habitación y le ofrecí el pecho. No tardó ni 1 minuto en cogerse, es increible como actúa el instinto. Nos fuimos a casa y todo marchaba bien, hasta que al 5º día tuvimos que ingresar a nuestro bebé por ictericia. En el hospital me ofrecieron la posibilidad de darle el pecho durante el día y sacarme leche para que ellos le dieran biberones por la noche. Eran de mi leche, pero insistí y logré convencerlos de que me dejaran darle yo misma de madrugada. Nos alquilamos el papá y yo una habitación en el mismo hospital y conseguí continuar con la lactancia sin que intervinieran tetinas de por medio. Prueba superada!! Después llegaron más... una mastitis muy dolorosa y al tercer mes el reflujo de Aarón que estuvo un tiempo sin dejarle comer a gusto. Y llegó inevitablemente el horrible día de volver al trabajo, pero GRACIAS a la ayuda de varias mujeres maravillosas y consultoras de lactancia, empecé a informarme y me dí cuenta de que "querer es poder". Comencé a sacarme leche en el despacho a la hora del almuerzo y continué dándole pecho a mi peque. Hasta hoy, que tiene casi 13 meses y seguimos con la teta a demanda, haciéndonos felices el uno al otro y disfrutando a tope de nuestro maravilloso vínculo, con risas, juegos y mucho, mucho amor.

lunes, 14 de mayo de 2012

47º Relato: Si se quiere, se puede


Desde antes de quedarme embarazada había soñado con tener un embarazo lo menos medicalizado posible y un lactancia exitosa. Ya embarazada visitaba páginas web y leía libros sobre el tema. Amigos y familiares me advertían de que no idealizara mi parto, pero yo pensaba ¿por qué no? Si otras mujeres podían tenerlo ¿porqué yo no? ¿tan complicado es, si es la cosa más natural del mundo? Bueno, pues si que se complicó, primero comencé con una diabetes gestacional (hereditaria), luego detectaron un pequeño problemilla en el cordón umbilical y que la niña no cogía suficiente peso, me mandaron reposo. Casi al final del embarazo la niña ya había cogido algo de peso pero un día, en la semana 38 de gestación, tras hacerme un registro, me hicieron una ecografía y ahí volvieron a confirmar el bajo peso de la niña y el problema en el cordón umbilical, en ese mismo momento y después de ver que tenía algunas contracciones, decidieron provocarme el parto. Me salto toda esta parte que yo recuerdo con mucha tristeza y dolor, que muchas ya conocemos y llegamos al momento del parto que finalizó en cesárea urgente. Siempre le comenté a mi marido (que me acompañó todo lo que pudo o le dejaron) que si acababa en cesárea que intentara que no me separasen de mi niña más de 2 horas. 
Por fin vi a Lucía con lágrimas en los ojos y medio drogada, le di un besito le dije que la quería mucho y se la llevaron. No volví a verla pasadas ya 6 horas. Cuando por fin llega a mi habitación, me comunican que le están dando biberones porque se le bajó el azúcar. No sólo tuve un parto horroroso sino que se me fastidia la lactancia, no me lo podía creer. Pensé para mí misma: a ver Lidia, le dieron biberones y qué, tú enchúfale la teta a ver que hace. Pues eso hice y qué pasó, pues lo que suele pasar en estos casos, no cogía la teta. Después de esto comenzó mi "Plan de Urgencia" en el que incluyo, pezoneras, biberones de ayuda, sacaleches, posturas, libros y un etcétera de recursos para conseguir darle tetita a Lucía. Después de 2 meses utilizando mi "Plan de Urgencia" conseguí darle lactancia materna exclusiva a mi bebé y los ingredientes que hicieron esto posible fueron: perseverancia, constancia, teta y más teta a demanda, quitar pezoneras, quitar biberones muy poco a poco, Carlos González, seguir tu instinto, mucho amor, apoyo familiar, muchas ganas y no rendirse nunca. Que conste que durante todo este proceso, lloré mucho, y estuve a punto de rendirme muchísimas veces. 
Hoy en día Lucía tiene 8 meses, yo trabajo con turnos muy variados y ella toma teta por la mañana muy temprano y en la cena, a veces también en el almuerzo. Está hecha una experta, ella misma cambia de teta cuando se termina la primera. Dar el pecho es un momento muy esperado para las dos en el día a día. Estoy muy orgullosa de Lucía y de mi misma por haber logrado la mayor parte de mi sueño. Gracias a todos los que me apoyaron, sobre todo a mi marido y a mi madre que han estado conmigo en todo momento.

Gracias a ustedes también por esta labor en pro de la lactancia materna y para que las mamás puedan compartir sus historias.

sábado, 12 de mayo de 2012

46º Relato: Tras cesárea programada...

Mientras estaba embarazada, no me preocupé mucho de buscar información sobre la lactancia, pues yo pensaba que todo era teta - niño y que no podría haber ningún problema de posición. Además, por otro lado tampoco es que estuviera muy convencida de poder darle el pecho mucho tiempo, pues yo creía que como tenía poco pecho (de tamaño me refiero), pues no tendría mucha leche, añadiendo que mi madre nos dió el pecho sólo la cuarentena tanto a mi hermano como a mí. Lo que si sabía es que el pecho se daba a demanda y eso sí lo entendía bien, a demanda es a demanda, no hay reloj, ya pensaba yo que mi abuela no andaba mirando el reloj, así que por lo menos lo de las tres horas tenía claro que era una tontería… con eso, ya me creía que estaba más que lista para darle el pecho a mi hijo el poco tiempo que pensaba que le podría dar. Pues bien, mi hijo vino al mundo un martes por cesárea programada porque venía de culo y no tenía mucho espacio para poder darse la vuelta, y aunque él no se dió la vuelta sí vino a dar la vuelta a todo lo que yo pensaba sobre lactancia y crianza, vamos que puso mis ideas patas arriba. Como ya he dicho, nació por cesárea programada, con lo cual ni se pusieron en juego todas las hormonas necesarias para que naciera, ni me lo pusieron al pecho nada más nacer, pues yo estuve sin él 5 horas en la sala de reanimación, tras su nacimiento y con esto ya empieza mi odisea con la lactancia. Cuando me subieron a planta mi marido me puso al niño encima de mí y empezamos a intentar que se cogiera al pecho; primer problema: pezones planos, ya empezaron a intentar sacármelos con una jeringa; segundo problema: si alguna vez se enganchaba yo me encogía de dolor, porque me daban los entuertos y me dolía la herida, así que el comienzo no fue precisamente un camino de rosas. Mi hijo es muy tranquilo desde su nacimiento y llora muy poco también y la verdad es que aunque me lo ponía al pecho, no era porque el llorara, porque no lo hacía, él sólo dormía. Esa noche empezó a llorar de hambre y como no se enganchaba bien, le dieron un poco de biberon. Al día siguiente seguimos con lo mismo del día anterior, y el jueves un poco más de lo mismo, con la diferencia de que me subió la leche y entonces se me pusieron las tetas muy duras y ya sí que estaba difícil que mamara. Entonces me saqué la leche, pero la tenía que tirar porque el sacaleches era del hospital y no tenía recipientes donde pudiera guardar la leche. Así que ya llevaba dos día mi niño sin comer bien, porque tampoco es que comiera mucho biberón, se pasaba casi todo el día con un sorbo de leche, así que me dijeron que como el niño estaba muy tranquilo, quería hacerle unas pruebas para ver que todo era normal y que no le pasaba nada. Ahí ya me asusté del todo y cuando el pediatra me dijo que lo que tenía era un niño tranquilo y poco llorón, la que empezó a llorar desconsoladamente fui yo, pero de alivio, porque ya me había puesto en lo peor. Lo que sí me dijo es que si él no pedía debía darle cada tres horas, por lo menos por el día, porque si no podíamos entrar en un círculo, si el niño no come, no tiene fuerzas y entonces no puede ni llorar, ni mamar y estaría cada vez más débil, así que desde entonces yo cada tres horas lo ponía al pecho y si no quería cogerse, pues un poco de leche con una jeringuilla. Así llegamos al sábado que es cuando me dieron el alta, y como mi marido ya me había comprado un sacaleches, ahora lo que hacía era intentar darle el pecho cada tres horas, y si no se enganchaba darle de mi leche en la jeringuilla, así descubrí que por lo menos le gustaba mi leche y lo que no sabía era cogerse al pecho. Esto me supuso otro llanto, pues yo pensaba que no le gustaba. A partir de entonces empecé a preocuparme por buscar información y descubrí que debía de ponérmelo piel con piel y en una habitación tranquila y a oscuras.. así lo hice y al segundo día de hacerlo, empezó a engancharse que ya no ha parado en sus doce meses. Después vinieron algunos problemillas más, pero esos se resolvieron con el libro que me dio a conocer al gran Carlos González, "Un regalo para toda la vida". Es un libro que recomiendo a toda mujer que quiera dar el pecho, para que se le quiten todas las posibles dudas. Muchas gracias por la lectura y ánimo a todas las madres, porque sé que todas hacemos lo que creemos mejor para nuestros hijos.

martes, 8 de mayo de 2012

45º Relato: Paz

La llegada al hospital fue urgente. Acababa de empezar la semana 37 y tenia la tensión muy alta, así que la matrona me aconsejó ir al hospital. Estando en cama, unas horas antes de tener a mi pequeña, una enfermera me preguntó si quería darle pecho, le dije que si, y ella me explicó que al ser madre diabética la tendrían que subir a neonatos y que yo tendría que subir después del parto a amamantarla. Con el parto todo se complicó, la tensión bajo de golpe y subió súbitamente, el azúcar también se me mareó un poco... mi niña nació a la 7 de la tarde por cesárea y yo salí de reanimación pasada la medianoche, con mucho malestar porque solo le había podido dar un beso fugaz, y no la había tenido en brazos, ni le había dado el pecho, pensando en ella pasé la noche. A la mañana siguiente, sobre las 8 de la mañana pedí subir a verla y probar suerte por si se cogía aun a mamar, la enfermera me dijo que posiblemente le costaría porque ya había tomado varios biberones, me quitaron la sonda, los goteros y como pude me levanté. El encuentro fue muy emotivo, por un lado el dolor intenso de los 14 puntos de la cesárea y por otro la alegría de ver su linda carita. Los tres días siguientes los pase subiendo a darle pecho cada tres horas entre dolores, frustaciones y alegrías. Intentaba sacarme leche pero no podía, la cambiaba de posición en cada toma pero mi chiquitina no se acababa de coger... El tercer día me la bajaron a la habitación y en la toma de las 9 de la noche le dije a mi madre que no me sentía bien, en lugar de levantarme yo me la pusiera a ella en la cama, y fue mágico, el verdadero encuentro, una junto a la otra, medio desnudas las dos pasamos la noche, mirándonos, cantándole, acariciando su pequeña carita, a ratos durmiendo, a ratos tomando pecho. Desde ese dia han pasado muchas cosas, muchas personas y muchos comentarios, algunos de ellos desagradables, “tu leche no debe ser buena” “la niña necesita ya comer” pero el peor de todos el de la primera pediatra que la atendió en el centro de salud, a las dos semana de vida, me dijo que no ganaba peso y que tenia que quitarle el pecho y darle biberon, salí llorando, derrotada, sin entender que estaba haciendo mal, pero mis padres dieron con una solución muy fácil, cambiar de pediatra. Han pasado casi dos años y seguimos teniendo nuestros momentos íntimos de lactancia, es en esos momentos donde madre e hija nos encontramos, nos queremos y lo mas importante: nos entendemos.