martes, 13 de diciembre de 2011

40º Relato: Feliz Re-lactancia

Bueno pues.............por donde empezar???

Quizas para que podais entender como me sentí y como me siento ahora debería comenzar por el parto de Diego ( mi primer hijo de ahora 3 años).
Queriamos para él un parto natural que por diferentes motivos comenzó en una sala de “parto natural” en una clinica madrileña y termino siendo una cesarea. No puedo evitar todavia que se me haga un nudo en la garganta al recordarlo, pero.......esa es otra historia.
Al nacer Diego por cesarea ya sabréis que la leche tarda mas en subir, pero yo como madre primeriza no sabia ni eso ni nada, como colocarme el bebe, que hacer si el bebe no mamaba bien, etc.etc. No tuve ninguna ayuda de ningun medico, ni matrona, ni enfermera, que me explicara como ponerme a mi hijo al pecho, que debia tomar calostro, que fuera paciente porque la leche tardaría mas en subir pero subiría.....
No tuvimos nada de eso, todo lo contrario solo tuve una visita de una “amable “ enfermera que me miró a los ojos con cara de : “ Eres una mala madre” y me dijo: Este niño necesita un biberón...........No le ves que tiene hambre!!!!!!!!!!!!!
DOBLE DECEPCION; llevaba 9 meses soñando un parto natural y una lactancia feliz......
Me sentía fatal, mi hijo tomaba biberón.
Acababa de empezar mi maternidad y ya me sentía una “mala madre”.
Entonces comencé mi lucha, bueno, nuestra lucha ( la de Diego y la mia).
Comence a informarme, a leer libros y mientras Diego tomaba biberón yo no paraba de ponerlo al pecho, dia tras dia tras dia.....
Un buen dia tras haber pasado ya 2 meses del nacimiento de Diego llegó a mis manos un libro llamado: Un regalo para toda la vida. Y tras la lectura en voz alta para mí y para Diego e ir dia a dia poniendo a mi hijo al pecho y eliminar poco a poco tomas de biberón...........POR FIN después de casi 3 meses lo habiamos conseguido, mi hijo solo tomaba TETA. Y ahora solo os puedo decir que fue muy duro, muchas horas de dedicación, muchas opiniones en contra, muchas lagrimas derramadas, mucho sentimiento de culpabilidad, pero la fuerza de mi hijo y la mia pudieron con todo. Hoy mi hijo tiene 3 años y sigue tomando teta, la cual comparte con su hermana Zoe ( de 9 meses) nacida en parto natural asistido en nuestra propia casa.
Esta es nuestra historia y solo decir que GRACIAS, GRACIAS A MI HIJO DIEGO PORQUE ME HA REGALADO UNA FELIZ LACTANCIA Y A SU HERMANA LA HA REGALADO UN PARTO NATURAL. GRACIAS DE TODO CORAZON, TE QUIERO.

Fdo. Carolina M.V.

jueves, 1 de diciembre de 2011

39º Relato: Una lactancia agridulce

Para iniciar el relato de nuestra lactancia, debo empezar en el momento del parto… Después de tres horas de dulces contracciones y dos horas entre contracciones más fuertes y largos e intensos empujones, nació my dulce Arnau, con cara amoratada, grandes ojos azules y ese olor a cachorro, a parto, a mi pequeño, que todavía hoy si cierro los ojos soy capaz de oler.
Decidí parir a mi hijo en casa, por muchos motivos, pero sobre todo para empezar la lactancia con buen pie… sabía lo importante que era un buen nacimiento para un amamantamiento exitoso así que no hubo duda en el momento de decidir.
Con quince minutos de vida, mi pequeño empezaba a tomar calostro, había estado esperando ese momento… fue maravilloso.
Seguimos así los siguientes tres o cuatro días pegaditos piel con piel, mamando, pero mi pequeño jamás parecía saciarse, pensé: ¡esto no es lactancia a demanda, es lactancia continua! Pasábamos horas y horas al pecho, y nunca tenía suficiente… Me decía mi misma que debía tener paciencia, que la leche subiría en breve y que pronto quedaría más satisfecho y descansaría entre tomas etc.…
El quinto día empecé a desesperarme, ¡la leche no llegaba! El pequeño estrujaba mi pecho, se quejaba, lloraba, solo lloraba y lo peor, desde el meconio no había hecho más cacas, eso no tenía buena pinta… empecé a buscar ayuda, asesoras de lactancia que te atendían por teléfono, amigas lactantes que me daban apoyo, asesoras valorando el frenillo a través de fotos mandadas por internet… nadie me daba una respuesta… había quien decía que era normal, otros que podía ser el frenillo, yo me decía que había mujeres que no notaban la subida… entre tanta incertidumbre, decidí llamar a mi matrona y valorar de nuevo el peso del pequeño…
Que susto me llevé cuando vi el peso que había perdido… me caían las lagrimas sólo de pensar que mi pequeño había estado llorando de hambre todos estos días… en cuanto dejé de lamentarme empecé con el plan de ataque: estimulación del pecho con sacaleches, suplementos de leche de fórmula con un suplementador, todos los “potingues” y hierbas naturales que estimulaban la lactancia, acupuntura, homeopatía… vaya todas las peripecias habidas y por haber… quince días después el pequeño no había recuperado el peso del nacimiento y no mejoraba mucho la situación… No entendía que me estaba pasando, yo había seguido el ABC de la lactancia… ¿¿¿¿Por qué no me subía la leche???
Así que decidí visitarme con un famoso pediatra experto en lactancia, quien escuchó mis llantos y penas, exploró a mi pequeño con mucho cariño y finalmente valoró una hipogalactia (escasa producción de leche). No me lo podía creer, no podía pensar que esto me estuviera pasando a mí… yo que había convencido a tantas mujeres de que todas tenemos leche, que me reía cuando mi abuela me decía: ¡Ojalá tengas mucha leche!! No podía ser verdad… Para mí la lactancia materna era innegociable, tenía claro que quería amamantar si o si… el pediatra me dio algunas recomendaciones para seguir con la lactancia: mucha estimulación, posiciones más adecuadas y una medicación, no me prometió una lactancia materna exclusiva, pero si quizás una mixta hasta la introducción de “los sólidos”…
Estaba desecha, pero al menos ahora tenía un motivo, una explicación de lo que me estaba pasando, de alguna manera fue un alivio, un ápice de esperanza también con la medicación y como todas y todos sabéis, es importante vivir la lactancia de manera positiva.
Empecé con todas las indicaciones del pediatra, y algo mejoró. Empezó a salir más leche, pero no la suficiente como para saciar a mi niño… por las tardes cuando la producción menguaba, era frustrante ver al pequeño llorar y llorar, exprimiéndome el pecho, viendo que sólo se calmaba con la leche artificial…
Hacia el mes y medio todo seguía igual, yo estaba muy triste, veía a mi pequeño coger peso muy lentamente y que todo se estancaba… fue un punto de inflexión, estuve a punto de dejar la lactancia. Por suerte hubo quien me animó a no hacerlo… de hecho fueron tres personas: Mi madre quien me recordó que tenía un bebé precioso que se merecía que yo fuera feliz y disfrutara cuidándolo, que lo estaba haciendo muy bien y que estaba muy orgullosa de mi. Una amiga y madre lactante experta que me dijo que a darle lactancia artificial, siempre estaba a tiempo y que cada gota de leche que le daba era buena para mi bebé. Y mi matrona, amiga y compañera que me recordó que en la vida yo le podría dar a mi hijo todo lo que tenía, pero que no debía sentirme culpable por no darle lo que no podía.
Así pasaban los días, le daba la teta continuamente hasta que se enfadaba, entonces le daba leche con el suplementador (para mí era básico no perder el piel con piel de la teta) y cada día deseaba poder darle un poco menos de leche de fórmula pensando que tanta estimulación haría que yo produjera mas leche… pero no era así. Cada vez aumentaba menos de peso y tanto él como yo nos pasábamos el día tumbado en el sofá teteando, el peque lloraba desesperado si yo me despegaba para ir al baño y yo tenía un mal humor impresionante, porque no hacía nada más en todo el día…
Un día decidí que esto debía terminar, ¡no podíamos seguir así! Miré en el bote de leche la cantidad que le tocaba y decidí darle las 5 tomas al día, además de mi pecho, por supuesto…
Ese día fue el que realmente asumí que tenía una hipogalactia y que no podía hacer nada más, pero ese día empecé a disfrutar de mi bebé. Él reía, estaba contento, disfrutaba de mis besitos, abrazos… podíamos pasear tranquilos por la calle, mis amigos y familiares podían cogerlo en brazos sin que llorara…. ¡¡Vaya un cambio brutal!! Y a mí, me cambió el humor.
Ahora con cuatro meses, sigo dándole la teta, toda la que puedo… espero seguir así muchos meses más… pero no ha sido un camino fácil. Ahora escribo esto en modo terapéutico y también para que sirva de testimonio para otras mamás…
En este proceso me he encontrado con otras mamás que han tenido dificultades y en concreto encontré a una que tuvo el mismo problema. Ella me apoyó un montón, fue de gran ayuda… Con la hipogalactia, a diferencia de otras dificultades, es difícil diagnosticarla y resolverla…
Cuando iba a grupos de apoyo a la lactancia no me sentía comprendida: primero la mayoría de las veces no me creían, me decían que debía ser un problema de frenillo, de mala colocación o de falta de estimulación, esto a mí me ofendía muchísimo (yo lo estaba haciendo todo por mi bebé y esas mujeres dudaban de ello), luego me comparaban con otras mujeres que habían tomado la excusa de la falta de la leche para dejar la lactancia, cuando yo seguía peleando por mantenerla… y lo peor era que cuando finalmente me creían me daban por un caso perdido y me daban a entender que no podían hacer nada por mí, cuando yo lo único que necesitaba era comprensión y apoyo…
Espero pues que cuando alguna otra mujer pueda encontrarse con ello tenga más apoyo, que los grupos de lactancia tengan en cuenta que hay mujeres que pueden tener este problema y que puedan acompañarlas, aunque lo que más deseo, es que se estudie y se busque información sobre este problema porque prácticamente no hay estudios ni protocolos de actuación que sean concluyentes y puedan guiarnos como actuar. Voy a empezar por buscar los motivos que me han llevado a esto, tan a nivel físico como emocional e intentar buscar una solución, porque espero tener más hijos y poder darles una lactancia placentera para los dos.

lunes, 28 de noviembre de 2011

38º Relato: El papel del padre

Mi experiencia como padre con la Lactancia Materna empieza unos dos meses antes del nacimiento de Lucas, cuando casi por casualidad, entre otras muchas lecturas sobre el tema, cae en mi mano el libro “Un regalo para toda la vida” del Dr. Carlos González. Es entonces, cuando se me abre un mundo nuevo, me convertí en el gran teórico, intento saber más y más sobre lactancia materna, y leo libros y más libros, hasta tal punto que los primeros días de vida de Lucas era yo el que le tenía que colocar en el pecho de Sara, y era Sara la que me pedía ayuda para colocarle por las noches, para vigilar si estaba bien puesto el labio de abajo, si su boca abarcaba toda la areola, etc. Y todavía hoy, escucho que si no das un biberón, el padre no colabora con la alimentación del bebé… en fin… aunque, creo que el padre tampoco colabora en el embarazo, o ¿es que lleva un cojín debajo de la camiseta?, tampoco en el parto, o ¿es que le sale algún objeto de unos 3 kg de alguno de sus orificios? Creo que no.
Para mí, que mi hijo con 15 meses siga mamando cuándo, dónde y en la postura que quiera (a veces más contorsionista que niño) es un orgullo y un placer. Al igual que portearle muy cerquita de mí, y notar su cabecita en mi pecho cuando se está durmiendo. Y que me despierte por las mañanas (en nuestra cama, la de los tres) con caricias y arrumacos y no llorando, llamándome desde otra habitación sin saber dónde estamos.
Sólo espero que esto dure mucho (como mínimo hasta los 2 años, como recomienda la OMS y UNICEF), ya que la lactancia materna nos permite disfrutar de una manera única y especial de todos los aspectos de la vida de nuestro hijo.
Sólo hay que hacer caso a las necesidades del organismo que es el que más sabe de ellas, tanto del bebé como de la mamá, y además es tan fácil como, citando al Dr. González: “NIÑO Y TETA”
José, papá de LUCAS

jueves, 24 de noviembre de 2011

37º Relato: Dos lactancias bien distintas

Mi hija Luna nació en el hospital de Getafe en marzo del 2007. Mi idea
era darle el pecho, pero era una idea un tanto etérea. Mi madre no
había podido darme el pecho a mí porque tenía pezón plano, y yo
también lo tengo, así que si se enganchaba, bien, pero si no no iba a
comerme la cabeza.
Nada más nacer quise ponerla al pecho, porque sabía que los primeros
minutos eran cruciales, pero la gente que me atendió se reía de mí y
me decían que esperara, que cuando volviera a la habitación se lo
podría dar.
Al llegar allí intenté que se enganchara y fue imposible. Pedí ayuda y
alguien de paso me tiró 2 pezoneras a la cama. Yo ni siquiera sabía
que eran dos, estaban una dentro de la otra y allá que me puse las dos
en la teta. Y mi pobre hija encima se enganchó, y mamó.
Al día siguiente pedí que me trajeran de casa unas pezoneras finitas y
blanditas que yo había comprado antes del parto. Ahora sé que son las
que se recomiendan en caso de necesitarlas, para eso tuve suerte.
Durante el tiempo que estuve en el hospital pedí ayuda para amamantar
a mi hija, ya que no se enganchaba nada más que con pezoneras, y no
aguantaba las famosas 3 horas, sobre todo por la noche.
Vino una enfermera, me manipuló y pellizcó el pezón de forma muy
dolorosa y me dijo que cómo se iba a enganchar la niña, si no tenía
pezón y apenas me salía leche...
En la mesita de la habitación tenía un folleto que me entregaron sobre
lactancia materna. Al final venían unos teléfonos de monitoras de La
liga de la leche. Yo pensé que ni muerta llamaba yo de nuevo a nadie
para que me pellizcara las tetas, que ya me apañaría.
Estuve amamantando a Luna con pezoneras unas 3 semanas, pero al cuarto
día o así ya le había dado algún biberón. Me resistía a quitarle el
pecho, pero los "ánimos" de la familia y el nulo apoyo de los
profesionales hicieron que mi lactancia no llegara al mes de duración.
Y mi falta de información y previsión, por supuesto, pero no pensaba
yo que hubiera que hacer un master para superar las dificultades al
amamantar a tus hijos.

Para el segundo ya no dejé nada al azar. Antes de quedarme embarazada
de Álex me había leído y releído todo lo publicado sobre lactancia
materna. Me lo sabía todo al dedillo, y lo más importante, sabía que
iba a ser capaz de amamantar a mi hijo.
Álex nació en casa y no hubo manera de que se enganchara al pecho, de
nuevo mis pezones planos.
Mi matrona, mi ángel de la guarda, me enseñó a sacarme el calostro con
las manos y guardarlo en una jeringuilla mientras mi niño dormía.
Cuando se despertaba le daba los poco mililitros que me sacaba y le
ponía a mamar. Cuando se dormía volvía a empezar el proceso. Así
estuve hasta que me subió la leche, que entonces me sacaba con el
sacaleches. Al final conseguí que Alex sacara la leche por él mismo,
aunque fuera con pezoneras.
Y tranquilamente seguimos así nuestra lactancia, hasta que con un mes
y una semana se enganchó sin pezoneras. Ahora tiene 20 meses y coge la
teta y se la lleva a la boca como si fuera un bocadillo.
Lo más importante cuando tienes dificultades es tener la seguridad de
que esa persona a la que pides ayuda sabe lo que hace.
Los profesionales de los hospitales necesitan formación. Con esto se
salvarían muchas lactancias.
Últimamente he colaborado con mi experiencia en cursos de formación
sobre lactancia materna a profesionales, espero que nadie reciba como
ayuda lo que recibí yo en mi primer parto, y sin embargo, cualquiera
pueda tener a su alcance alguien con la paciencia y el saber hacer que
tuvo mi matrona, Graciela Pérez, para enseñarme a ayudar a mi hijo a
mamar. Nunca estaré lo suficientemente agradecida.

martes, 22 de noviembre de 2011

36º Relato: Lactancia y ayuda en Venezuela

Esta es nuestra historia, la comparto y dedico a todas aquellas madres que desean ofrecerles a sus hijos las maravillas de la Lactancia materna.

ANTECEDENTES: Siempre tuve el deseo de amamantar a mi hijo, yo lo asumía como algo tan natural que aunque investigue mucho sobre el embarazo jamás creí que existía la necesidad de prepararme e informarme sobre la lactancia: es un proceso natural, lo hacen todas las madres y qué ciencia puede tener ofrecerle la teta a un bebe... esperar a que mame y ya… Con esas creencias llego el feliz día en el que parí a mi nene.

EL PROBLEMA: Desafortunadamente en la cínica las enfermeras le dieron un tetero (biberón) de fórmula, posteriormente cuando yo hice el intento de amamantar a mi bebe solo encontré continuos rechazos. Mi hijo lloraba de hambre y luego de constantes e infructuosos intentos, yo terminaba dándole fórmula y llorando también, pasaban los días, las semanas y mi desesperación crecía, me encontraba sumida en una profunda tristeza: la baja de hormonas, la depresión post parto hacían que llorara todos los días pensando y sintiéndome la peor de las madres, Totalmente inútil, ni siquiera era capaz de lo más elemental: darle el alimento por el cual mi cuerpo estuvo preparándose por largos meses. La gente me decía que era una tonta , pocos me entendían, pocos me apoyaban... Cada vez que tocaba la hora de comer, yo le ofrecía el pecho a mi hijo y él volteaba la cara, parecía que no sabía qué hacer con él, cuando sus pequeños labios sentían el pezón, él se molestaba y lloraba mucho y yo inevitablemente volvía a recurrir al biberón... Sin embargo, yo no me daba por vencida, oraba a Dios con todas mis fuerzas, yo tenía que darle a mi hijo los beneficios de la leche materna. Mi obstetra me examinó y me dijo que yo era totalmente apta para amamantar, qué yo si producía leche, que no había nada malo en mí, que mis pezones planos eran totalmente normales, que la succión del bebe era lo que los iba a moldear... me dijo que insistiera pero que continuará dándole formula a mi hijo, el despejó ciertas dudas y me tranquilizó.

LA AYUDA: Me dedique a leer, compré diferentes libros, iba a bibliotecas, finalmente investigando por Internet encontré a “la Liga Internacional de la Leche”, escribí e inmediatamente recibí respuesta y apoyo por una líder de Colombia, “En Lactancia Querer es Poder” fueron las primeras palabras de Vivian Montero. Ella me envío diferentes artículos que me llenaron de esperanza y me puso en contacto con la gente de Venezuela. Ya mi hijo tenía más de 3 semanas. Aparentemente, el nene había desarrollado una confusión tetina-pezón, esto sucede en ciertos casos cuando se dan suplementos en biberón en las primeras 3 semanas de vida porque su lengua, quijada y boca se mueven diferente cuando mama del pecho que cuando toma biberón. Por otro lado, tenía una carrera contra el tiempo ya que la producción de leche materna, depende de la frecuencia, duración y eficacia de la succión del bebe, -oferta y demanda: mientras más mame el bebe, mas leche se produce, y según lo que leí no encontré casos en los cuales después de tanto tiempo el bebe lograra agarrar el pecho, sin embargo yo insistía… El día en que mi bebe cumplía un mes asistí a mi primera reunión con el Grupo de apoyo: Marisol, Yolimar, Laurence, Carolina, me recibieron muy amablemente y me ayudaron mucho (aprovecho para demostrarles mi profunda gratitud), fue una experiencia muy enriquecedora, entendí que no estaba sola, que existían madres que habían superado los diferentes retos que la lactancia les había presentado. Me llené de esperanza, ahora sí estaba segura de que lo lograría. Marisol me recomendó ir con una pediatra experta en lactancia la Dra. Antonieta Hernández, con impresionantes referencias, profesionales y humanas, con la experiencia de amamantar a 5 hijos y con la dulzura del nombre de su organización “Leche y Miel”, ella representó en mi vida un verdadero ángel, le estaré profunda y eternamente agradecida y se las recomiendo ampliamente. Teléfonos:0212 945 46 87 0212 377 53 89
Celular: 0416 403 93 63 0416 632 17 66
página Web: www.Lecheymiel.org

EL PROCESO: Antonieta me colocó un aparatico que consiste en una especie de biberón con unas pequeñas sondas para colocarse en el pecho, con la función de amamantar mientras el bebe toma fórmula, con el fin de producir más cantidad de leche, a la vez me recomendó no darle más comida en biberón a mi bebe sino en vasito. Confieso que me sorprendió el hecho de que darle a comer a mi hijo en vasito no resultara tan difícil como imaginé, sin embargo la cuestión no dejaba de ser complicada.

EL ÉXITO: Para mi gran alegría y sorpresa mi hijo amado, que nunca había logrado prenderse al pecho, al día siguiente estaba succionando, solo de un pecho y medio llorando, pero al fin veía una luz en el camino. Con muchas dificultades continuamos con las indicaciones de la Dra. y a los 5 días volvimos a consulta, ya mi bebe lograba asirse al pecho con facilidad, lo cual sorprendió agradablemente a la Doctora por la celeridad de los resultados. Me corrigió la posición, me ayudo a tener mejor postura y me mando a continuar con el aparatico, pero esta vez, antes de todo, darle a mi bebe una onza de formula con biberón para que no comenzara a mamar desesperado por el hambre. Mi hijo ya tenía 6 semanas, continuamos con la sonda por una semana más, todo salió de maravilla, al fin lo habíamos conseguido, poco a poco fuí produciendo mayor cantidad de leche.

Alimentación Exclusiva: Progresivamente, le fuí disminuyendo la formula al bebé hasta que a las dos semanas de haber comenzado el proceso, logré alimentar a mi hijo exclusivamente con leche materna, lo cual representó un éxito y una gran felicidad, darle a mi hijo todas las bendiciones de la leche materna es algo incomparable. Mi hijo fue creciendo y desarrollándose maravillosamente.

Actualmente: Mi bebe ya tiene tres años y ocho meses, es un niño bello muy inteligente y despierto, totalmente sano nunca se ha enfermado gracias a Dios, es un niño fuerte, pesa casi 19 Kg y mide 105cm. Está en el percentil 95 de estatura, muy por encima del promedio. Nunca ha sufrido de cólicos ni de estreñimiento ni alergias, está muy bien alimentado. Orgullosamente lo amamanté hasta los dos años y 6 meses, cuando espontáneamente lo dejó. Me siento afortunada de haber podido brindarle a mi hijo el mejor alimento, para su cuerpo y su desarrollo emocional: la leche materna.

VIVIAN

domingo, 20 de noviembre de 2011

35º Relato: Merece la pena

Dylan nació en casa y yo terminé agotada, pero nada más abrazarlo, con el cordón todavía latente, me recuperé.
Entonces, una de las comadronas me alentó a ponerlo a mamar y, voilà, el pezón se escurrió en su boquita como si estuviera hecho a medida…
Yo pensaba ‘de aquí no sale nada’…, pero él poco a poco se iba relajando, encontrando su espacio en este mundo al que acababa de llegar llorando y con los ojos muy abiertos…
Esos momentos han sido los mejores de mi vida.
La subida de la leche fue otro cantar: toda la noche sin dormir sacándome leche manualmente para aliviar la presión… La leche salía a chorros y me pasé más de un día empapando camisetas… A medida que Dylan mamaba, los pezones se sensibilizaban más y yo pensaba que eso de dormirse con el niño a la teta, con lo que dolía, era imposible…
Me compré un cojín de lactancia que me alivió mucho y me apoyé en los consejos de mis comadronas que me ayudaron enormemente en todo el proceso… No conseguía encontrarle el punto a eso de dar de mamar, era un sufrimiento… que valía la pena, eso sí. Mirando a Dylan, cuando ya conseguía relajarme a mitad de la tetada, reponía fuerzas. Supongo que se juntaba todo, el cansancio acumulado, la falta de práctica y un poco la sorpresa de que aquello fuera tan doloroso: todo el mundo me había hablado maravillas de la lactancia (o yo me había quedado solo con esos comentarios porque era la realidad que deseaba).
Al principio daba de mamar a Dylan tranquilamente en la cama, en brazos, porque tumbado todavía no nos apañábamos. Pasaron los días y fui dándole en el sofá, con gente… Como pasaba tanto tiempo en la teta si quería socializar mínimamente tenía que buscar la manera.
Y así, con paciencia, llegué a donde estamos ahora: tomamos teta a cualquier hora, en cualquier postura, en cualquier lugar y siempre me encanta… No quiero que se acabe este periodo de lactancia, me encanta sentirle y dormir con él enganchado a mí…
La naturaleza es abrumadora y me parece más increíble cada día que pasa. Si confiamos en esa fuerza, todo es más fácil: tenemos tetas para dar de mamar y criar sanos a nuestros hijos, toda mujer tiene ese privilegio, aunque cueste, merece la pena.

lunes, 14 de noviembre de 2011

34º Relato: La importancia de la ayuda

Pablo nació después de 20 horas en un parto con epidural y antibióticos. La primera hora y media se lo llevaron a la incubadora pues el neonatólogo dijo que tenía el llanto quejumbroso y necesitaba oxígeno. Cuando lo trajeron lo puse al pecho pero no se enganchaba, como yo había leído que los niños nacían con reservas y al principio no necesitaban mamar no me preocupé. Al día siguiente se enganchó al pecho y desde las primeras tomas empezó a dolerme y a sangrarme el pezón, me fué haciendo heridas en la areola, moratones y en tres días el dolor se hizo insoportable, sentía que me clavaban miles de alfileres en los pezones, me aguantaba para no gritar y a veces no podía reprimir el llanto, Pablo quería mamar cada dos horas y yo temía el momento en que eso llegara, pues lo tenía una hora al pecho, a veces se me quedaba chupando el pecho muy deprisa pero no parecía que tragara, yo creía que si estaba al pecho era porque lo necesitaba y soportaba "la tortura", le cogí miedo, y me sentía muy deprimida pues creía que no podría soportarlo durante mucho tiempo más, pero yo quería darle el pecho a mi hijo, me sentía culpable por pensar en rendirme, pero estaba desesperada.
Afortunadamente era verano por lo que estaba en casa con el pecho al aire continuamente, no podía imaginar como hubiera podido aguantar en invierno algo así. Una amiga, Diana Sánchez, que sabía mucho sobre el tema me ayudó recomendandome que llamara a una monitora de lactancia y a un investigador que estaba trabajando con bacterias probioticas. La primera me explicó por teléfono como enganchar al niño y me recomendó un servicio de asesoría de lactancia en el 12 de Octubre donde me ayudaron con el enganche, ahí me di cuenta de que no era suficiente haber leído libros sobre el tema, era importantisimo que te enseñaran el enganche de forma presencial. En el hospital lo único que me dijeron era que si quería que le dieran al niño un biberón de refuerzo, no me explicaron nada en ningún momento, yo rechacé el biberón, pues sabía que eso precisamente no iba a ayudarnos.
El segundo me explicó que al haber tenido un parto con antibióticos la flora de mi pecho había cambiado y había surgido una infección y me dió probióticos.
Gracias a las dos cosas, pues yo creo que mi problema se debió tanto a la infección como a que yo no sabía poner al niño al pecho, me ayudaron mucho y poco a poco empezó a ser cada vez mejor.
La primera semana fué la peor, a los quince días de dar a luz se hizo soportable dar de mamar y al mes la cosa mejoró más, aunque hasta el mes y medio no se convirtió en una simple molestia sin importancia. Hoy Pablo tiene cuatro meses y si pasa mucho tiempo sin mamar lo echo de menos! Es una experiencia maravillosa e íntima que disfruto. Me alegro de haber sido fuerte y haber aguantado, ahora el dolor ya no está y merece la pena haber pasado por esos malos momentos para conseguir darle el pecho, aunque entiendo que hay otras mujeres que no tienen la suerte de recibir la ayuda que yo recibí y se rindan.

Rosario